Y la gran compasión en una desembocadura dorada,
las voces azules del río
y ese olivo del rock con ese nido de bólidos peludos…
el corazón a puñados,
el alambre que mastica
y el rugido rojo de la hondura,
la distancia limpia del pasado
y la noche larga, la noche acompañada por los puentes;
el techo del ombligo y los cimientos de la nueva calma,
la lluvia interna y los dolorcillos encharcados,
y los oleajes por inmensidades de playas de sugerencias…