Piano, piano, piano.
Que el sentimiento
no muera en el silencio
tampoco es eso...
y, por otra parte, lo es
desgraciado yo, por no
poder, alcanzarlo, me
inmolo. Con la cabeza
rendida a los señoritos
andaluces y madrileños.
Piano, piano, piano.
Que la musica clásica
es de los señores.