Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sucede con frecuencia
que se nos pierde un día sin nombrarlo
y sin pagar por él se va de casa.
Y al alcanzar la noche, en el desnudo
de teléfonos con números sin alas
de zapatos con huecos en los labios
se le ve tan frágil.
No hay registros que se gocen de llamadas
con la huelga en los espejos,
ni verdades que mantengan en el aire
un globo hinchado,
como parte de nosotros.
El sujeto, uno cualquiera, arranca el calendario
cuando sale por la puerta.
¿Qué hacer entonces?
Olvido tras olvido
la cumbre hace su cuesta y se desarma
rompiendo las cadenas del horario.
Allá se van segundos y minutos,
extraño otoño de papel mojado,
cicatriz reciente y boca seca.
Se puede querer sin estar queriendo
de la misma forma
que se pierde un día sin nombrarlo.