Gonvedo
Poeta asiduo al portal
He dejado en mi adiós colinas ardiendo,
felinos y reinos de espuma a la sombra
de una hilarante luna.
Solo una orquídea en el pecho
como un latido a futuro,
unos ojos de coral con resuello
de vidrio y póstumo metal líquido,
y un viento despeinado como huella
entre una marisma de voces arrugadas
en el tiempo.
El mar golpeando en la frente,
el lacerante brillo de la piel de la tortuga,
calle arriba los sueños siguen rodando,
una primera luz como un pequeño incendio,
pero yo escojo la noche, cauterizador láudano
en las ausencias, un dios cojo renegando de su creación.
Abril ya no tiene flores y hay pétalos
muriendo a medianoche, pájaros con suave voz
de valle. Ardían en mis ojos cegados por la ceniza
arquitecturas de tu sangre. Y yo me pongo en pie
sobre mis huesos de alambre, y puedo ver
que más allá del mundo solo hay espejos.
Alguien ha pintado de nubes el cielo soñando la poesía.
felinos y reinos de espuma a la sombra
de una hilarante luna.
Solo una orquídea en el pecho
como un latido a futuro,
unos ojos de coral con resuello
de vidrio y póstumo metal líquido,
y un viento despeinado como huella
entre una marisma de voces arrugadas
en el tiempo.
El mar golpeando en la frente,
el lacerante brillo de la piel de la tortuga,
calle arriba los sueños siguen rodando,
una primera luz como un pequeño incendio,
pero yo escojo la noche, cauterizador láudano
en las ausencias, un dios cojo renegando de su creación.
Abril ya no tiene flores y hay pétalos
muriendo a medianoche, pájaros con suave voz
de valle. Ardían en mis ojos cegados por la ceniza
arquitecturas de tu sangre. Y yo me pongo en pie
sobre mis huesos de alambre, y puedo ver
que más allá del mundo solo hay espejos.
Alguien ha pintado de nubes el cielo soñando la poesía.