IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Solitario,
se le escucha al viento,
lapidario mi escarmiento,
me resulta abominable,
condenado el firmamento,
condenando a cualquier mortal,
la abertura del tiempo es innegable,
nos empuja a su vacío,
al querer de las estrellas,
de los seres que comprendemos eternos,
nos adentramos,
y se nos hace hueco el amor,
el dolor un ancla,
de sueños sin presenciar,
sin presencia de colores,
el blanquecino rostro de la dama,
de velos negros como el éter,
de cuerpo escamoso,
de mirada muerta y voz moribunda,
se nos acerca
y nos toca el alma,
asombrados
de que en nuestro centro se guardaran
recuerdos y emociones,
vivencias y lamentos,
ella nos dice
que las consciencias son su mente,
que no hay diferencias de raíces,
ni de esencias, ni de heridas,
ya que somos sangre de ella,
de moribunda fatiga,
nuestras heridas no se curan,
pero despreocupados, desaparecen,
aquellos sollozos ya no vuelven,
como humanos
vemos al tiempo morir,
entre sus brazos,
de parca y madre,
de diosa y monstruo,
de sábida y cobarde,
pero se le entiende su cobardía,
como los mares entienden de tormentas,
como los desiertos, de viento,
como los dioses, de aburrimiento,
y los humanos, de finitud,
entre negruzco horizonte,
formamos parte del todo,
pero guardamos nuestra sabiduría,
en secreto,
somos cielo.
se le escucha al viento,
lapidario mi escarmiento,
me resulta abominable,
condenado el firmamento,
condenando a cualquier mortal,
la abertura del tiempo es innegable,
nos empuja a su vacío,
al querer de las estrellas,
de los seres que comprendemos eternos,
nos adentramos,
y se nos hace hueco el amor,
el dolor un ancla,
de sueños sin presenciar,
sin presencia de colores,
el blanquecino rostro de la dama,
de velos negros como el éter,
de cuerpo escamoso,
de mirada muerta y voz moribunda,
se nos acerca
y nos toca el alma,
asombrados
de que en nuestro centro se guardaran
recuerdos y emociones,
vivencias y lamentos,
ella nos dice
que las consciencias son su mente,
que no hay diferencias de raíces,
ni de esencias, ni de heridas,
ya que somos sangre de ella,
de moribunda fatiga,
nuestras heridas no se curan,
pero despreocupados, desaparecen,
aquellos sollozos ya no vuelven,
como humanos
vemos al tiempo morir,
entre sus brazos,
de parca y madre,
de diosa y monstruo,
de sábida y cobarde,
pero se le entiende su cobardía,
como los mares entienden de tormentas,
como los desiertos, de viento,
como los dioses, de aburrimiento,
y los humanos, de finitud,
entre negruzco horizonte,
formamos parte del todo,
pero guardamos nuestra sabiduría,
en secreto,
somos cielo.