danie
solo un pensamiento...
Solos y confinados.
(Discípulos del Santo Longino)
Señor, en la sonámbula vida nos has encerrado,
en la ánfora de Pandora
con sus sueños ahogados.
Primero nos consumen nuestros pecados,
los de los astros caídos y sus emplastes,
sus emasculadas alas de una tierra sangrando;
luego los heraldos de un ejido averno
nos labran con sus formas de ídolos de musgo y piedra,
nos amarran a las atalayas de un Dios pagano;
los alfayates de las sombras que confeccionan nuestros sudarios
y traen dispepsia al cielo con su dolo encarnizado.
Señor, en la oscuridad nos has encarcelado
con nuestros armazones fríos de vacías Biblias
de Aleluyas descarriadas,
con la férula de la anatema sobre la ceniza humana
y miles de preceptos de moral enterrada.
Señor, que solos nos has dejado,
como a Adán y a Eva,
sin el Edén y con la manzana
bañada en las raíces tristes de la árnica del Leteo,
sin memoria y en el olvido de electas esperanzas desairadas,
con vergüenza añeja en vez de sangre en nuestras secas venas,
que crean las puntas de lanzas envenenadas,
incrustadas en una costilla,
en la de nuestro propio hermano.
Señor, seguimos mirando su espejo todas las mañanas,
el de un Santo con cara de diablo,
seguimos durmiendo sobre los balaustres fementidos
que hisopea y nos bautiza con la saliva de los salvajes
e inicuos instintos humanos.
(Discípulos del Santo Longino)
Señor, en la sonámbula vida nos has encerrado,
en la ánfora de Pandora
con sus sueños ahogados.
Primero nos consumen nuestros pecados,
los de los astros caídos y sus emplastes,
sus emasculadas alas de una tierra sangrando;
luego los heraldos de un ejido averno
nos labran con sus formas de ídolos de musgo y piedra,
nos amarran a las atalayas de un Dios pagano;
los alfayates de las sombras que confeccionan nuestros sudarios
y traen dispepsia al cielo con su dolo encarnizado.
Señor, en la oscuridad nos has encarcelado
con nuestros armazones fríos de vacías Biblias
de Aleluyas descarriadas,
con la férula de la anatema sobre la ceniza humana
y miles de preceptos de moral enterrada.
Señor, que solos nos has dejado,
como a Adán y a Eva,
sin el Edén y con la manzana
bañada en las raíces tristes de la árnica del Leteo,
sin memoria y en el olvido de electas esperanzas desairadas,
con vergüenza añeja en vez de sangre en nuestras secas venas,
que crean las puntas de lanzas envenenadas,
incrustadas en una costilla,
en la de nuestro propio hermano.
Señor, seguimos mirando su espejo todas las mañanas,
el de un Santo con cara de diablo,
seguimos durmiendo sobre los balaustres fementidos
que hisopea y nos bautiza con la saliva de los salvajes
e inicuos instintos humanos.