No hay más mentira
que la muerte.
No hay más vivencia
que vivir.
La eternidad
encendida
en cada instante.
Ya sólo un canto
se trepa al horizonte.
Ya sólo un canto.
Ya sólo ir.
Unos cuántos peldaños
maltratados
y un exhausto dolor
en el latido.
Son las ruinas enhiestas
del pasado.
Sólo piedras y muros,
angustia, soledad,
rencor, vacío.
Recordando lápidas estaban
los juncos de aquel sueño,
los sonidos.
La doliente mirada de la niebla.
El trono del ocaso.
Palacios del estío.
Y cayeron los velos
y hubo un nombre.
La verdad es el sabor desconocido.
Iluminando el paso.
Buscando la Divina Libertad.
El mar, el río.
La montaña no es cumbre,
clamó el viento.
La montaña es camino.
¡Despertad pasos míos!
No hay más valor
que el de las alas.
No hay más timón
que el destruido.
que la muerte.
No hay más vivencia
que vivir.
La eternidad
encendida
en cada instante.
Ya sólo un canto
se trepa al horizonte.
Ya sólo un canto.
Ya sólo ir.
Unos cuántos peldaños
maltratados
y un exhausto dolor
en el latido.
Son las ruinas enhiestas
del pasado.
Sólo piedras y muros,
angustia, soledad,
rencor, vacío.
Recordando lápidas estaban
los juncos de aquel sueño,
los sonidos.
La doliente mirada de la niebla.
El trono del ocaso.
Palacios del estío.
Y cayeron los velos
y hubo un nombre.
La verdad es el sabor desconocido.
Iluminando el paso.
Buscando la Divina Libertad.
El mar, el río.
La montaña no es cumbre,
clamó el viento.
La montaña es camino.
¡Despertad pasos míos!
No hay más valor
que el de las alas.
No hay más timón
que el destruido.
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