palomeque
nadando entre versos
Esto que hago no es escribir,
esto que hago es hablar conmigo mismo.
Porque no puedo más...
suena tremendamente dramático
y en realidad no es para tanto.
No es para tanto cuando
tengo el ego por las nubes,
pero hoy mi ego lo utilizo
para atarme los zapatos.
Siempre tratando de hacerme
un hueco en esta puta sociedad,
hablar claro y conciso
para arrepentirme después,
arrepentirme por mostrar las putas cartas
que mi mente juega en esta maldita partida de póker
llena de lobos con piel de cordero,
de gallinas que cacarean mucho,
pero ponen pocos huevos
y de peces que mueren por culpa de su boca.
Yo no quiero ser un pez.
Quiero ser un tiburón:
sereno pero letal,
amenazante pero tranquilo,
respetado pero respetuoso.
Después de todo es fácil comer en este océano...
lo jodido es evitar que te coman
¿Qué hacer con una mente tan profunda y transparente?
¿Llenarla de mierda hasta que no quepa nada más en ella y no pase ni un halo de luz?
Lo he intentado varias veces
y siempre acabo igual:
abrazado a la taza del retrete
vomitando
para luego meterme en la cama vacío,
vacío en el estómago,
vacío en el bolsillo,
vacío en el amor,
vacío en la esperanza,
vacío en el alma.
Me duele que nadie me entienda,
pero cuando estoy tan vacío
no puedo conversar con nadie,
no escucho a nadie,
soy demasiado influenciable,
no quiero absorber criterios ajenos,
corro el peligro de transformarlos en propios.
Quiero ser yo.
Quiero volver a ser aquel niño
que no se cuestionaba nada y era feliz.
Aquel niño que cuando
algo no le gustaba
huía sin complejos.
Aquel niño que jugaba
con su padre
unos cuantos minutos a la semana
y convirtió a su madre
en un vigilante
de seguridad perpetuo;
en un psicólogo,
en una canguro,
en una cocinera,
en un párroco al que confesar
sus inocentes y tiernos pecados.
En una madre,
porque fue ella
al fin y al cabo la que me parió.
La que me dió la vida,
una vida que con el tiempo
he comprendido que si no me gusta
no es por culpa de nadie,
es por culpa de mi modo
de juzgarlo todo.
Soy yo el que sufre cuando
ve alguna injusticia
y sufro porque tengo alma.
Ningún desalmado tiene la culpa
de que yo tenga alma...
Es mi problema y punto.
esto que hago es hablar conmigo mismo.
Porque no puedo más...
suena tremendamente dramático
y en realidad no es para tanto.
No es para tanto cuando
tengo el ego por las nubes,
pero hoy mi ego lo utilizo
para atarme los zapatos.
Siempre tratando de hacerme
un hueco en esta puta sociedad,
hablar claro y conciso
para arrepentirme después,
arrepentirme por mostrar las putas cartas
que mi mente juega en esta maldita partida de póker
llena de lobos con piel de cordero,
de gallinas que cacarean mucho,
pero ponen pocos huevos
y de peces que mueren por culpa de su boca.
Yo no quiero ser un pez.
Quiero ser un tiburón:
sereno pero letal,
amenazante pero tranquilo,
respetado pero respetuoso.
Después de todo es fácil comer en este océano...
lo jodido es evitar que te coman
¿Qué hacer con una mente tan profunda y transparente?
¿Llenarla de mierda hasta que no quepa nada más en ella y no pase ni un halo de luz?
Lo he intentado varias veces
y siempre acabo igual:
abrazado a la taza del retrete
vomitando
para luego meterme en la cama vacío,
vacío en el estómago,
vacío en el bolsillo,
vacío en el amor,
vacío en la esperanza,
vacío en el alma.
Me duele que nadie me entienda,
pero cuando estoy tan vacío
no puedo conversar con nadie,
no escucho a nadie,
soy demasiado influenciable,
no quiero absorber criterios ajenos,
corro el peligro de transformarlos en propios.
Quiero ser yo.
Quiero volver a ser aquel niño
que no se cuestionaba nada y era feliz.
Aquel niño que cuando
algo no le gustaba
huía sin complejos.
Aquel niño que jugaba
con su padre
unos cuantos minutos a la semana
y convirtió a su madre
en un vigilante
de seguridad perpetuo;
en un psicólogo,
en una canguro,
en una cocinera,
en un párroco al que confesar
sus inocentes y tiernos pecados.
En una madre,
porque fue ella
al fin y al cabo la que me parió.
La que me dió la vida,
una vida que con el tiempo
he comprendido que si no me gusta
no es por culpa de nadie,
es por culpa de mi modo
de juzgarlo todo.
Soy yo el que sufre cuando
ve alguna injusticia
y sufro porque tengo alma.
Ningún desalmado tiene la culpa
de que yo tenga alma...
Es mi problema y punto.
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