romaguce
Poeta recién llegado
... Y el silencio se transforma en vacío, se atrapa a si mismo y trata de contener el silbido agónico de su respirar;
Toma entre las yemas de sus dedos, el resbaladizo tarareo del dolor y lo exhala a los cielos marchitos y llorosos, Que contemplan con poca congoja, la pandorga de los dioses.
Ahora, el ruido es violento, yermo e imperceptible... no es un clamor, tampoco es un canto de cuna,
Más parece el olvido asido a una hoja suicida, que libera al árbol de su mustio rezo y se aleja...
... Y el silencio, afónico, extiende su manto... y nos cobijamos en ella.
Toma entre las yemas de sus dedos, el resbaladizo tarareo del dolor y lo exhala a los cielos marchitos y llorosos, Que contemplan con poca congoja, la pandorga de los dioses.
Ahora, el ruido es violento, yermo e imperceptible... no es un clamor, tampoco es un canto de cuna,
Más parece el olvido asido a una hoja suicida, que libera al árbol de su mustio rezo y se aleja...
... Y el silencio, afónico, extiende su manto... y nos cobijamos en ella.