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Sobre el mensaje que ayer te dejé

"Tresor moreno"

Poeta recién llegado
Sobre el mensaje que ayer te dejé​

Entró a la cocina buscando al sicario de hierro. Lo sujetó envolviendo con cuidado su inquebrantable fuerza. La empuñadura manaba fúnebres melodías. Al levantarlo, justo en frente de su desolado mirar, buscando algún mensaje dentro del acerado brillo, pudo auscultar, sólo durante un breve instante, la luz profana tras las pupilas de Judas.

Se oyó, no muy lejano, un tenue aullido, orando desde el fondo de la casa negándose a aquel sacrificio que soplaba desde la cocina. Sin embargo, los pasos eran firmes sin dejar de ser lerdos. En la obscura sala los discípulos del averno rendían pleitesía, guiando con su halo sombrío al cuerpo desierto de fe. Y el vacío mar de ardientes tempestades tragábase cada latido, sumiendo su mísera armonía en una más penosa agonía.

Fuera, sobre los frondosos árboles, Belcebú y sus ángeles tejían sus ritos y flagelos. Humillaban a la Esperanza; le daban de patadas en el culo al valor; y con vehemencia bebíanle toda la sangre a la Fe. Al sur, una pesada cruz colgaba del firmamento; los clavos en ella fijos, forjaban más el dolor y las heridas del Cristo moreno. Una aureola gris circundaba al voluntario prisionero, las lágrimas morían allí mismo, por enésima vez, por el pecado más blasfemo y glorioso de estas horas.

Las transcurridas lunas fueron premonitorias, apocalípticas; de azufre impregnaban los poros, contaminando aún más el cuerpo, dolido de arrastrarse en esta tierra, para ellos maldita, y que a desgraciados como él les toca morir, no vivir. Son los muertos de a pie, aquellos que pasan por el mundo sin saber siquiera que existieron.

Su desnudo pecho se mostraba embriagado de azufre, salpicando las venas con grotescas líneas. Camino hacia el umbral, su corazón vitoreaba en silencio tambores de guerra; el cuerpo abríase paso frente al ritual, frente a la calle. Envilecido el funesto aire, abrazó la vida ofrecida, arrancándole de súbito el aliento; se mostraba ahora, cual témpano de hielo, una árida piel. Las tupidas cejas cubrían los desorbitados ojos, mas no la determinación de su mirada. Los goznes escupían un amargo crujir al rodar de la puerta; y el ave agorera rezaba su himno maldito y triunfal.

Muy detrás de los goznes renace una tímida voz inhumana, amiga y sincera; llamando al hombre, clama al amigo y se aferra a la vida. Por el contrario, su voz no se oye y su lamento calla, nace y muere en su hocico mismo. Llora, se arrastra y se desespera; fuerza la cadena hasta rasgarse la piel. Él llama y clama, aferrándose al despertar, a la valentía, dignidad y resignación de su amo amigo.

Al amanecer, Andrea llama al unigénito; busca de un lado a otro algún cuchillo, para cortar el pan que en la sartén se calienta; discurren los minutos y llama nuevamente a su hijo amado; prende luego la contestadora...

Hola amor mío, -sobre el mensaje que ayer te dejé- todavía te amo, sólo quería jugarte una bromita por el “día de los inocentes”, tontito ¡Ah!, besitos para mi suegra.


Tresor Moreno
 
Última edición:
Gracias a ese tu ósculo bendito
que sacude mis venas
levanta mi corazón
lo sostiene y lo admira

Con toda mi humildad
y la gratitud de un recién poeta
que se siente libre
gracias amiga poeta mía

Amén
 
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