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Sinfonía Fugaz “Libertina”

esteban7094

Poeta recién llegado


Ay los vicios humanos! Son ellos los que

Contienen la prueba de amor por el infinito.

C. Baudelaire

La Belleza es la idealización

De lo pútrido, de lo pestilente,

De lo que es mejor callar

Porque no posee un lenguaje inteligible.


¿Pero quién toca mi puerta

A tan altas horas de la noche?

Justo cuando intento mecer

Las sierpes negras de los buenos difuntos.

Y arriba, en los arcos de la sonrisa etérea,

Unas garras de cuervo o de madre ciega

Raspan las míseras paredes de la tía Antonia.

La cal cae en mis ojos.

Sonrío.

Y despierto mientras el mundo obnubilado

Se va con la corriente…


Todo lo hecho sin consciencia

Es puro, santo, inexistente, eterno.

Y mis ojos enalbados miden la noche

Y mi lengua siente la dulzura de su ardor.

El Poeta, el mamotreto de la Vida,

Tan sólo conoce ese amor monstruo que surge,

Que se alza torvo desde la inconsciencia.


El tiempo va tan len-ta-men-te…

Que cuando termina el coito universal,

Simplemente quedan los surcos en los terrenos baldíos

De la supuesta emancipación.

¡Pero menos mal no estamos tan tristes!

Porque esta cuerda está más floja

Que los dientes de la vejez.


Aunque no! Mejor contemos historias…


Como cuando quizá nací

Y madre no se dio de cuenta.

Así de enojada estaba con la Vida, con la Sombra,

Conmigo mismo; ¡pero no con Dios!


Tras hacerte el amor

Bajo la umbrosa y fragante languidez de la medianoche,

Te entierro, ¡impávida!, en una alta colina

Para que de tu espalda blanca y constelada

Nazca una huerta de amores sin desilusión.


Y yo veré mis costillas prominentes

Como altas y níveas cordilleras.

Y te sabré muerta en la eternidad de lo bello.

Pero no tendré hambre ni recuerdo

Porque el mundo y Dios se habrán ahogado

En la suave y rumorosa corriente.


Ay, ay, ay!

Cómo ante estos martillazos tempestuosos

En mi finita y trémula puerta,

Siento nostalgia, honda nostalgia de todos aquellos

Que mañana morirán.









l. e. torres

20/05/015
 
Es muy grato internarse en tu poética. Me gustó tu hacer de poeta, perfectible como el de todos; lo he devuelto a la primera página para más lecturas y a ver si obtiene algunos comentarios.
Sobre la forma del poema me gustaría hacer algunos comentarios:

Aquí quizá no se modificó la forma en que el procesador de palabras coloca siempre una mayúscula al principio de la línea.
Pero hay un estilo en uso por parte de muchos poetas que adoptan el uso de la letra versal mayúscula al inicio del verso. Al estilo antiguo como lo hacia Quevedo; y contemporáneo post romántico, como lo hacia Gustado Alfonso Bequer a fines del siglo XIX, este mismo estilo lo adopta el renombrado poeta Tomás Segovia y Octavio Paz entre otros, en siglo XX y principios del siglo XXI. No pocos poetas jóvenes usan este estilo en la actualidad. Para la academia es obsoleto, aunque para los poetas nada es obsoleto cuando dan uso a la herencia literaria en su creación. Un uso (aparentemente) más adecuado para los versos con la versal en mayúscula es crear el verso con una idea completa, independiente .
Esto lo comparto para quienes quieran intentar ese uso y desafiar la descalificación de los críticos. El poeta puede optar por otro uso del estilo, pues para su creatividad puede servirse de estos recursos bajo su propio riesgo. Claro que este no incluye dejar que el procesador de palabras intervenga mecanizadamente en sus poemas, porque en este caso se llamaría "estilo del procesador de palabras en automático."

Observe bien el fragmento y deduzca cómo fue utilizado este estilo por el poeta.

TOMÁS SEGOVIA

(FRAGMENTO)

ASTREOS POR MIS LINDES
Séptimo rastreo

«En tantos sitios no he tenido casa…»
Yo mismo


Tendría que aceptar que me reprochen
Si es que puede nacer ese reproche
Que siempre haya esperado mucho más que buscado
El amor la alegría la dicha el cumplimiento
Que nunca haya buscado aunque lo haya esperado
Pertenecer a nada
Que haya alterado yo tan poco el orden
A pesar de haber sido tan poco resignado
Pues siempre fue en mi vida incomparable
Lo mucho recibido con lo poco exigido
Nunca fui cazador de la verdad
Sino fiel cuidador de su guarida
Y siempre entre los muchos que poblaron mis días
Quise tener un sitio pero cuidando siempre
De no tener un puesto
 
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