Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
Silencios Devanados
ii.
Teme la tarde el anuncio de la lluvia.
Nadie vino a recoger el caudal de llanto de la flora.
El invierno estalla en los vitrales y sacramentalmente
persigna con goteras las sienes de un hastío.
Agujeros de luz lastiman las paredes,
los rastros que desarman muecas y exorcizan dientes,
matices con hedor a nostalgias sustraen
densos coloridos que pierden vigor al lado ambiguo de una tristeza.
Nadie vino a depurar el alma.
El invierno vierte en arroyuelos la ausencia,
a alisar el rumor de la sombra se atreve
este abrevio de murmullos en la tarde,
va desplazando a milímetros
cada térrea realidad que nos invade.
ii.
Teme la tarde el anuncio de la lluvia.
Nadie vino a recoger el caudal de llanto de la flora.
El invierno estalla en los vitrales y sacramentalmente
persigna con goteras las sienes de un hastío.
Agujeros de luz lastiman las paredes,
los rastros que desarman muecas y exorcizan dientes,
matices con hedor a nostalgias sustraen
densos coloridos que pierden vigor al lado ambiguo de una tristeza.
Nadie vino a depurar el alma.
El invierno vierte en arroyuelos la ausencia,
a alisar el rumor de la sombra se atreve
este abrevio de murmullos en la tarde,
va desplazando a milímetros
cada térrea realidad que nos invade.
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