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Silencio imaginario

IgnotaIlusión

El Hacedor de Horizontes
Vislumbramientos álmicos,

las luminiscencias de aquel umbral
nos vuelven a desvanecer toda voluntad,

estamos condenados
a observar recuerdos eternos,
hasta que
por olvido
el olvido
se olvide de nosotros,
porque nos olvidaron,

fluimos, alejados de toda carcasa,

de ese corazón,
de esa tinta cruenta,
de ese impío cadáver,

ojos cerrados anhelan llorar,
cielos vacíos desean

explotar en soledad,
como lo hace la indignación,

de esas dudas
que nos resultan tan coherentes,
pero carentes de respuesta,

avistamos profusos avernos gélidos,

como si el sol tuviese su propia sombra,
como si la eternidad también se midiera,
como si la muerte iluminara,

llegamos al hogar del universo,

descansan realidades por crear,

y aún en el pecho del vacío,
aún en la certeza de una contención inmensa,

las promesas caen,

porque nadie se salva,

todo y todos,
somos frágiles frente al silencio,

la imaginación del futuro
es aterradora.









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El poema nos sitúa en un paisaje de desolación cósmica y espiritual, donde la conciencia vaga entre recuerdos eternos y una ausencia total de sentido. La existencia se revela como un tránsito sin refugio, donde incluso el olvido puede olvidarnos, y la fragilidad humana queda expuesta ante la inmensidad indiferente del universo. Todo —la emoción, la memoria, la promesa— se deshace frente al silencio. La luz misma tiene sombra, y la muerte parece ser la única certeza capaz de revelar. En este contexto, el futuro no representa esperanza, sino una proyección aterradora de una imaginación herida. La conclusión es clara: estamos hechos de dudas, de pérdidas y de silencios, y en esa vulnerabilidad absoluta, descubrimos la inquietante verdad de que no hay salvación garantizada… solo la conciencia de nuestra fragilidad ante lo eterno.

Saludos cordiales
 
Vislumbramientos álmicos,

las luminiscencias de aquel umbral
nos vuelven a desvanecer toda voluntad,

estamos condenados
a observar recuerdos eternos,
hasta que
por olvido
el olvido
se olvide de nosotros,
porque nos olvidaron,

fluimos, alejados de toda carcasa,

de ese corazón,
de esa tinta cruenta,
de ese impío cadáver,

ojos cerrados anhelan llorar,
cielos vacíos desean

explotar en soledad,
como lo hace la indignación,

de esas dudas
que nos resultan tan coherentes,
pero carentes de respuesta,

avistamos profusos avernos gélidos,

como si el sol tuviese su propia sombra,
como si la eternidad también se midiera,
como si la muerte iluminara,

llegamos al hogar del universo,

descansan realidades por crear,

y aún en el pecho del vacío,
aún en la certeza de una contención inmensa,

las promesas caen,

porque nadie se salva,

todo y todos,
somos frágiles frente al silencio,

la imaginación del futuro
es aterradora.









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Me gusta esa sensación de desesperanza, recordando que tanto el futuro como las promesas son inherentemente aterradores y que todos somos vulnerables ante la inmensidad del vacío.

Saludos IgnotaIlusión
 
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