Gabriel Lavao
Poeta recién llegado
Al fondo del pasillo hay una estantería naciente,
Atlas gotea ante el peso de la década precedente.
Desde mi celda constantemente te escribo
con la esperanza de no quedar en el olvido.
Sé que me amaste y amarás para siempre.
Pero, ¿hoy?
¿Me amas al leer esto?
¿Te cosquillea esta tinta la córnea y el corazón que refugias tras ella?
Si se hundiera mi barco,
¿tragarías todo el vasto océano que lo sumerge?
¿A quién te recuerdan las estrellas disfrazadas de fugaces?
En prisión uno piensa mucho en tan poco.
Anhelo volver a casa y haber olvidado
las calles de mi hogar.
Quiero volver a perderme.
Quiero excitarme al tomar un atajo.
Quiero dejar de ver el camino de vuelta
como la única escapatoria.
Atlas gotea ante el peso de la década precedente.
Desde mi celda constantemente te escribo
con la esperanza de no quedar en el olvido.
Sé que me amaste y amarás para siempre.
Pero, ¿hoy?
¿Me amas al leer esto?
¿Te cosquillea esta tinta la córnea y el corazón que refugias tras ella?
Si se hundiera mi barco,
¿tragarías todo el vasto océano que lo sumerge?
¿A quién te recuerdan las estrellas disfrazadas de fugaces?
En prisión uno piensa mucho en tan poco.
Anhelo volver a casa y haber olvidado
las calles de mi hogar.
Quiero volver a perderme.
Quiero excitarme al tomar un atajo.
Quiero dejar de ver el camino de vuelta
como la única escapatoria.