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Si muriera hoy

Isabel Miranda de Robles

Poeta que considera el portal su segunda casa

SI MURIERA HOY…

…justo en este día, porque para morirse no hace falta edad, ni tiempo ni enfermedad, ¿cómo podría irme en paz sabiendo que dejo a mis hijos pequeños que necesitan de mi mano para guiarse en la vida? ¿Quién podría quererlos como yo? Nadie. No habrá manos más amorosas que las mías a la hora de acariciarlos ni voz mas dulce para llamarlos, si yo elegí sus nombres. Quien más que yo para celebrarles sus triunfos tú en las tareas más insignificantes. ¿A quién podría hinchársele el corazón de orgullo al verlos crecer? Sólo a mí. Hay alegrías que sólo madres e hijos podemos entender y compartir.
Siento un gran respeto por la vida, siento que tengo un enorme compromiso con ella gracias a mis hijos, que aunque no me necesitarán por una eternidad, si quisiera garantizarles el hecho de que no voy a faltarles mientras me necesiten. Sujétame bién, Señor, de tu mano; no me sueltes, y si me sueltas, mantén bajo tu abrigo a éstos hijos míos que tanto amo.
Si muriera hoy, por causas ajenas a mi voluntad, por supuesto; porque como dijo mi hermana Herlinda: “sepan que si me muero, es muy en contra de mi voluntad”, comparto con ella al 100% su frase. Tal vez me iría en paz porque tuve la oportunidad de reconocer muchos de mis errores, porque siento que superé el engaño fugáz de la juventud que le hace a uno creer que uno todo lo sabe, todo lo puede y todo lo merece. Me considero una buena alumna de la vida, aprendí que nada es gratis, nada es fácil y que por todo hay que luchar. Que la vida es una escuela que nunca cierra sus puertas, de la que nunca te gradúas y que, a diario te da lecciones nuevas.
Me voy sin odios, feliz de nunca haber incubado en mi alma tan nefasto sentimiento. Nunca consideré a nadie mi enemigo. Me confieso impedida para pelear física y verbalmente. Prefiero evitar cualquier enfrentamiento. Aunque lejos del calor que produce el enojo, siempre estoy abierta a una conversación, nunca a una discusión.
Si había o no otra vida después de ésta, la verdad, no me preocupaba demasiado; pero después de la muerte de mi padre, todo cambia. Quiero creer, necesito creer que la hay y que allá me espera. No se puede perder a un ser tan querido y suponer que todo se acabo: imposible.
Quiero mucho a mis hijos, mi corazón esta lleno de amor por ellos; todos los días los abrazo y los beso, y les hago saber cuánto los quiero, por si en el momento de irme no tuviera tiempo de despedirme que conserven con ellos un recuerdo fresco del amor de su madre.

ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Abril 14/05

 
Última edición:
Ay Isabel, no me animaba a leerla, porque estoy un poco bajoneada, comparto 100% tu escrito, siento como si lo hubiera escrito yo, mis hijos, dos varones de 12 y 15, mi papá que perdí hace 5 meses, y cero enemigos, cero discordia y sigo aprendiendo de la vida, a veces a los ponchazos, pero voy aprendiendo.
Bueno, me gustó muchísimo.
besos y estrellas
 
Ay Isabel, no me animaba a leerla, porque estoy un poco bajoneada, comparto 100% tu escrito, siento como si lo hubiera escrito yo, mis hijos, dos varones de 12 y 15, mi papá que perdí hace 5 meses, y cero enemigos, cero discordia y sigo aprendiendo de la vida, a veces a los ponchazos, pero voy aprendiendo.
Bueno, me gustó muchísimo.
besos y estrellas
Amiga, escribir es compartir y vernos en el espejo de otras aguas siempre es bueno. Espero que tu momento triste sea breve y pronto estes bien. Siento mucho la perdida de tu papa. Apoyemonos en nuestros hijos y sigamos aprendiendo... En este portal lindo hay mucho de donde aprender. Gracias por estar conmigo, amiga mia. ISABEL
 
Es verdad todo esto, la vida es una escuela que nunca cierra sus puertas.
Y cuando eres madre, sabes la responsabilidad tan enorme que te aguarda en cada recodo del camino.
Y por muchas penas que guardes en tu interior, siempre las dejas a un lado para hacer sonreir a las caritas de tus hijos.
Por ellos es por lo que cada dia nos mueve a seguir luchando.
Mil besos.


 
Es verdad todo esto, la vida es una escuela que nunca cierra sus puertas.
Y cuando eres madre, sabes la responsabilidad tan enorme que te aguarda en cada recodo del camino.
Y por muchas penas que guardes en tu interior, siempre las dejas a un lado para hacer sonreir a las caritas de tus hijos.
Por ellos es por lo que cada dia nos mueve a seguir luchando.
Mil besos.
Rosa, mi querida amiga, mil gracias por leer mis letras y regalarme tu profunda reflexion. Nuestros hijos son, bien lo dices lo que nos mueve a seguir luchando. Son las raices que nos mantienen sujetos a la vida. Te quiero mucho y deseo de todo corazon bienestar y salud para ti. Sinceramente: ISABEL
 
Que cosa. Estoy pasando un mal momento. Aun no lo defino, pero he estado pensando mucho en la muerte. Se me viene el pasado encima como una abalancha desde que empezaron mis recuerdos y se levanta ante mí la cima de un futuro que no se si alcanzaré. Mis hijos... ¿Sabrán cuánto los he amado? ¿Bastarán los abrazos y los besos que les he dado?
Yo también sentí miedo de leerte, mas me ha hecho bien. Gracias.
 
Que cosa. Estoy pasando un mal momento. Aun no lo defino, pero he estado pensando mucho en la muerte. Se me viene el pasado encima como una abalancha desde que empezaron mis recuerdos y se levanta ante mí la cima de un futuro que no se si alcanzaré. Mis hijos... ¿Sabrán cuánto los he amado? ¿Bastarán los abrazos y los besos que les he dado?
Yo también sentí miedo de leerte, mas me ha hecho bien. Gracias.

Mi muy querida, amiga, no se exactamente, por lo que estes pasando; pero espero de todo corazon que alcances esa cima del futuro, que te espere en ella mucha felicidad al lado de tus hijos. Pueda que no basten los abrazos y los besos para hacer saber cuanto los amamos; pero estoy bien segura que ayudan.
Mil gracias por enfrentar el reto de leerme y si tu dices que te ha hecho bien, entonces doy por bien servido el momento en que se me ocurrio escribirlo y publicarlo. Infinitas gracias por tu dejarme tu comentario. siempre tu amiga: ISABEL
 
SI MURIERA HOY…

…justo en este día, porque para morirse no hace falta edad, ni tiempo ni enfermedad, ¿cómo podría irme en paz sabiendo que dejo a mis hijos pequeños que necesitan de mi mano para guiarse en la vida? ¿Quién podría quererlos como yo? Nadie. No habrá manos más amorosas que las mías a la hora de acariciarlos ni voz mas dulce para llamarlos, si yo elegí sus nombres. Quien más que yo para celebrarles sus triunfos tú en las tareas más insignificantes. ¿A quién podría hinchársele el corazón de orgullo al verlos crecer? Sólo a mí. Hay alegrías que sólo madres e hijos podemos entender y compartir.
Siento un gran respeto por la vida, siento que tengo un enorme compromiso con ella gracias a mis hijos, que aunque no me necesitarán por una eternidad, si quisiera garantizarles el hecho de que no voy a faltarles mientras me necesiten. Sujétame bién, Señor, de tu mano; no me sueltes, y si me sueltas, mantén bajo tu abrigo a éstos hijos míos que tanto amo.
Si muriera hoy, por causas ajenas a mi voluntad, por supuesto; porque como dijo mi hermana Herlinda: “sepan que si me muero, es muy en contra de mi voluntad”, comparto con ella al 100% su frase. Tal vez me iría en paz porque tuve la oportunidad de reconocer muchos de mis errores, porque siento que superé el engaño fugáz de la juventud que le hace a uno creer que uno todo lo sabe, todo lo puede y todo lo merece. Me considero una buena alumna de la vida, aprendí que nada es gratis, nada es fácil y que por todo hay que luchar. Que la vida es una escuela que nunca cierra sus puertas, de la que nunca te gradúas y que, a diario te da lecciones nuevas.
Me voy sin odios, feliz de nunca haber incubado en mi alma tan nefasto sentimiento. Nunca consideré a nadie mi enemigo. Me confieso impedida para pelear física y verbalmente. Prefiero evitar cualquier enfrentamiento. Aunque lejos del calor que produce el enojo, siempre estoy abierta a una conversación, nunca a una discusión.
Si había o no otra vida después de ésta, la verdad, no me preocupaba demasiado; pero después de la muerte de mi padre, todo cambia. Quiero creer, necesito creer que la hay y que allá me espera. No se puede perder a un ser tan querido y suponer que todo se acabo: imposible.
Quiero mucho a mis hijos, mi corazón esta lleno de amor por ellos; todos los días los abrazo y los beso, y les hago saber cuánto los quiero, por si en el momento de irme no tuviera tiempo de despedirme que conserven con ellos un recuerdo fresco del amor de su madre.

ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Abril 14/05




Inmenso, Isabel. No encuentro otro calificativo.

Me ha llegado al alma.

Un cariñoso abrazo, amiga mía
 

SI MURIERA HOY…

…justo en este día, porque para morirse no hace falta edad, ni tiempo ni enfermedad, ¿cómo podría irme en paz sabiendo que dejo a mis hijos pequeños que necesitan de mi mano para guiarse en la vida? ¿Quién podría quererlos como yo? Nadie. No habrá manos más amorosas que las mías a la hora de acariciarlos ni voz mas dulce para llamarlos, si yo elegí sus nombres. Quien más que yo para celebrarles sus triunfos tú en las tareas más insignificantes. ¿A quién podría hinchársele el corazón de orgullo al verlos crecer? Sólo a mí. Hay alegrías que sólo madres e hijos podemos entender y compartir.
Siento un gran respeto por la vida, siento que tengo un enorme compromiso con ella gracias a mis hijos, que aunque no me necesitarán por una eternidad, si quisiera garantizarles el hecho de que no voy a faltarles mientras me necesiten. Sujétame bién, Señor, de tu mano; no me sueltes, y si me sueltas, mantén bajo tu abrigo a éstos hijos míos que tanto amo.
Si muriera hoy, por causas ajenas a mi voluntad, por supuesto; porque como dijo mi hermana Herlinda: “sepan que si me muero, es muy en contra de mi voluntad”, comparto con ella al 100% su frase. Tal vez me iría en paz porque tuve la oportunidad de reconocer muchos de mis errores, porque siento que superé el engaño fugáz de la juventud que le hace a uno creer que uno todo lo sabe, todo lo puede y todo lo merece. Me considero una buena alumna de la vida, aprendí que nada es gratis, nada es fácil y que por todo hay que luchar. Que la vida es una escuela que nunca cierra sus puertas, de la que nunca te gradúas y que, a diario te da lecciones nuevas.
Me voy sin odios, feliz de nunca haber incubado en mi alma tan nefasto sentimiento. Nunca consideré a nadie mi enemigo. Me confieso impedida para pelear física y verbalmente. Prefiero evitar cualquier enfrentamiento. Aunque lejos del calor que produce el enojo, siempre estoy abierta a una conversación, nunca a una discusión.
Si había o no otra vida después de ésta, la verdad, no me preocupaba demasiado; pero después de la muerte de mi padre, todo cambia. Quiero creer, necesito creer que la hay y que allá me espera. No se puede perder a un ser tan querido y suponer que todo se acabo: imposible.
Quiero mucho a mis hijos, mi corazón esta lleno de amor por ellos; todos los días los abrazo y los beso, y les hago saber cuánto los quiero, por si en el momento de irme no tuviera tiempo de despedirme que conserven con ellos un recuerdo fresco del amor de su madre.

ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Abril 14/05


¡¡¡Bravo!!!
un abrazo,
Rosario
 
SI MURIERA HOY…

…justo en este día, porque para morirse no hace falta edad, ni tiempo ni enfermedad, ¿cómo podría irme en paz sabiendo que dejo a mis hijos pequeños que necesitan de mi mano para guiarse en la vida? ¿Quién podría quererlos como yo? Nadie. No habrá manos más amorosas que las mías a la hora de acariciarlos ni voz mas dulce para llamarlos, si yo elegí sus nombres. Quien más que yo para celebrarles sus triunfos tú en las tareas más insignificantes. ¿A quién podría hinchársele el corazón de orgullo al verlos crecer? Sólo a mí. Hay alegrías que sólo madres e hijos podemos entender y compartir.
Siento un gran respeto por la vida, siento que tengo un enorme compromiso con ella gracias a mis hijos, que aunque no me necesitarán por una eternidad, si quisiera garantizarles el hecho de que no voy a faltarles mientras me necesiten. Sujétame bién, Señor, de tu mano; no me sueltes, y si me sueltas, mantén bajo tu abrigo a éstos hijos míos que tanto amo.
Si muriera hoy, por causas ajenas a mi voluntad, por supuesto; porque como dijo mi hermana Herlinda: “sepan que si me muero, es muy en contra de mi voluntad”, comparto con ella al 100% su frase. Tal vez me iría en paz porque tuve la oportunidad de reconocer muchos de mis errores, porque siento que superé el engaño fugáz de la juventud que le hace a uno creer que uno todo lo sabe, todo lo puede y todo lo merece. Me considero una buena alumna de la vida, aprendí que nada es gratis, nada es fácil y que por todo hay que luchar. Que la vida es una escuela que nunca cierra sus puertas, de la que nunca te gradúas y que, a diario te da lecciones nuevas.
Me voy sin odios, feliz de nunca haber incubado en mi alma tan nefasto sentimiento. Nunca consideré a nadie mi enemigo. Me confieso impedida para pelear física y verbalmente. Prefiero evitar cualquier enfrentamiento. Aunque lejos del calor que produce el enojo, siempre estoy abierta a una conversación, nunca a una discusión.
Si había o no otra vida después de ésta, la verdad, no me preocupaba demasiado; pero después de la muerte de mi padre, todo cambia. Quiero creer, necesito creer que la hay y que allá me espera. No se puede perder a un ser tan querido y suponer que todo se acabo: imposible.
Quiero mucho a mis hijos, mi corazón esta lleno de amor por ellos; todos los días los abrazo y los beso, y les hago saber cuánto los quiero, por si en el momento de irme no tuviera tiempo de despedirme que conserven con ellos un recuerdo fresco del amor de su madre.

ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Abril 14/05



Isa, a mi particularmente no me gusta hablar de la muerte, aunque a veces lo piense. Todas esas reflexiones que tù haces con respecto a
tus hijos, es vàlida para toda madre y lo que pienso es que cada dia
que pasa tenemos que prepararlos màs para enfrentar este mundo. A mis
hijas les tocò a las dos separarse de mi a los 20 escasos anos y sè que
aùn me necesitan. En cuanto a los enemigos, ellos vienen solos, si hay que enfrentarlos los enfrento, me gusta el arreglo conversacional, si no,
vuelvo la espalda y me retiro, pero nunca permito que me ofendan. Dios
siempre sabe lo que hace. Dar amor es muy importante, sobre todo a los
hijos, es una forma de que aprendan a amar. En tanto continùa escribiendo, he descubierto que lo necesitas, todo lo dices, eso es bueno,
muy bueno. A mi el dolor me silencia, a pesar de que hablo como una cotorra. Muy bueno, besos, Pilar.
 

SI MURIERA HOY…

…justo en este día, porque para morirse no hace falta edad, ni tiempo ni enfermedad, ¿cómo podría irme en paz sabiendo que dejo a mis hijos pequeños que necesitan de mi mano para guiarse en la vida? ¿Quién podría quererlos como yo? Nadie. No habrá manos más amorosas que las mías a la hora de acariciarlos ni voz mas dulce para llamarlos, si yo elegí sus nombres. Quien más que yo para celebrarles sus triunfos tú en las tareas más insignificantes. ¿A quién podría hinchársele el corazón de orgullo al verlos crecer? Sólo a mí. Hay alegrías que sólo madres e hijos podemos entender y compartir.
Siento un gran respeto por la vida, siento que tengo un enorme compromiso con ella gracias a mis hijos, que aunque no me necesitarán por una eternidad, si quisiera garantizarles el hecho de que no voy a faltarles mientras me necesiten. Sujétame bién, Señor, de tu mano; no me sueltes, y si me sueltas, mantén bajo tu abrigo a éstos hijos míos que tanto amo.
Si muriera hoy, por causas ajenas a mi voluntad, por supuesto; porque como dijo mi hermana Herlinda: “sepan que si me muero, es muy en contra de mi voluntad”, comparto con ella al 100% su frase. Tal vez me iría en paz porque tuve la oportunidad de reconocer muchos de mis errores, porque siento que superé el engaño fugáz de la juventud que le hace a uno creer que uno todo lo sabe, todo lo puede y todo lo merece. Me considero una buena alumna de la vida, aprendí que nada es gratis, nada es fácil y que por todo hay que luchar. Que la vida es una escuela que nunca cierra sus puertas, de la que nunca te gradúas y que, a diario te da lecciones nuevas.
Me voy sin odios, feliz de nunca haber incubado en mi alma tan nefasto sentimiento. Nunca consideré a nadie mi enemigo. Me confieso impedida para pelear física y verbalmente. Prefiero evitar cualquier enfrentamiento. Aunque lejos del calor que produce el enojo, siempre estoy abierta a una conversación, nunca a una discusión.
Si había o no otra vida después de ésta, la verdad, no me preocupaba demasiado; pero después de la muerte de mi padre, todo cambia. Quiero creer, necesito creer que la hay y que allá me espera. No se puede perder a un ser tan querido y suponer que todo se acabo: imposible.
Quiero mucho a mis hijos, mi corazón esta lleno de amor por ellos; todos los días los abrazo y los beso, y les hago saber cuánto los quiero, por si en el momento de irme no tuviera tiempo de despedirme que conserven con ellos un recuerdo fresco del amor de su madre.

ISABEL MIRANDA DE ROBLES
Abril 14/05



Qué dulce eres Isabel, cuánto amas a tus hijos... Ese si muriera hoy lo comparto plenamente y me ha invitado a la reflexión. Un gusto leerte.
 
Adelaida Rodríguez;2292340 dijo:
Qué dulce eres Isabel, cuánto amas a tus hijos... Ese si muriera hoy lo comparto plenamente y me ha invitado a la reflexión. Un gusto leerte.
Gracias, Adelaida, por leerme y dejarme tan dulces palabras. Te las agradezco infinito, si te invito a hacer tu propia reflexion, valio la pena entonces, compartirlo con seres como ustedes, que sienten lo que yo. ISABEL
 
Isa, a mi particularmente no me gusta hablar de la muerte, aunque a veces lo piense. Todas esas reflexiones que tù haces con respecto a
tus hijos, es vàlida para toda madre y lo que pienso es que cada dia
que pasa tenemos que prepararlos màs para enfrentar este mundo. A mis
hijas les tocò a las dos separarse de mi a los 20 escasos anos y sè que
aùn me necesitan. En cuanto a los enemigos, ellos vienen solos, si hay que enfrentarlos los enfrento, me gusta el arreglo conversacional, si no,
vuelvo la espalda y me retiro, pero nunca permito que me ofendan. Dios
siempre sabe lo que hace. Dar amor es muy importante, sobre todo a los
hijos, es una forma de que aprendan a amar. En tanto continùa escribiendo, he descubierto que lo necesitas, todo lo dices, eso es bueno,
muy bueno. A mi el dolor me silencia, a pesar de que hablo como una cotorra. Muy bueno, besos, Pilar.
Es curioso, tu dices: "a mi el dolor me silencia", en mi pasa lo contrario, la felicidad me silencia. POcas veces logro escribir algo en momentos de felicidad. En cambio cuando paso por situaciones tristes escribo como loca. Desahogo, supongo. Gracias Pilar, por atender mi pedido de atencion. Agradecida, siempre: ISABEL
 
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