Si es que acaso mañana tus ojos ya nunca pudieran verme, recuerda que morir es sólo una muda: un rápido movimiento que por eso nos toma desprevenidos pero no te confundas, yo sólo habré corrido veloz como un rayo hacia ti. Por favor créeme que nunca te dejaré. Coloca tu dedo en tu cuello, ¿acaso le puedes ver?, ¿cómo pues sabes que está ahí? Así será desde ese día, no me pienses lejos, no grites mi nombre, no me busques fuera, porque tus ojos no ven dentro de ti y yo sólo necesitaré que pienses las palabras para saber lo que sientes, y lo más importante seré uno en ti. Así que no camines con desconsuelo, en cambio permíteme bailar contigo por las calles, besar las manos que cruzan tu camino y bendecir con tus labios cada amanecer contigo.