Soledad,
silencio espectral,
níveo resplandor de pétalos en la oscuridad.
En la siniestra noche de terciopelo negro,
una brisa débil que no alcanza a murmurar,
mece con amargura las difusas sombras de ébano,
ahogando sus lamentos
en el abismo desolador.
Suplicio,
tormento,
silicio de carne lacerada
silencio de la noche inexpresiva.
Un sollozo condenado
clamando redención
y la estrecha callejuela repitiendo el eco desesperado de un latido
la profunda angustia de un suspiro.
...
Susurro lapidario de ramas desnudas en esta soledad,
gorgoteo de un rincón incierto.
Orín y musgo, herrumbre y penumbras,
pesado el hierro gime
encadenado a la negrura inquisitoria.
...
Perturbador graznido del ave nocturna
irrumpe como en pesadillas,
estremece la hojarasca
en fantasmal rapiña,
conmueve el aire enrarecido
por soporíferas emanaciones de las criptas.
La garganta ya marchita,
descompone sus palabras mustias
entre los polvorientos nichos del eon.
Aliento de azucenas y claveveles blancos
que exhala el deprimente sepulcro de la ilusión.
Aliento sin aliento de confesiones impronunciadas,
de palabras sepultadas.
Rocío en la mejilla de la perdición,
un grito de dolor,
adiós sin salida en el espinoso laberinto de la indecisión.
La sangre entibia aun las heridas,
lágrimas horadan el cuello tembloroso
y las manos prietas aun sueñan
con lo que el corazón enloquecido añora.
En la noche y sus distancias
que aceradas nubes enlutan,
en silenciosa procesión de espectros
rompe en llanto el cielo.
Quebrantando el sepultural silencio un trueno,
inundando el solitario camposanto de los sueños.