Andeco
Poeta recién llegado
Derrumbándose, dando tumbos, infectada de gravedad
cedió mi sonrisa a tu agonía.
No existe ya ninguna evidencia de aquel día en el que nos conocimos.
La muerte se deslizó hoy tan cerca,
no era, como muchos creen, deforme y hedionda,
su silueta, aunque negra, se expandió como humareda,
de una jeringa saltó a tu piel, a tu cáncer,
apagó el aire y te salvó del incisivo segundo.
La muerte te hizo bella,
cómo detestarla entonces si te ha hecho nueva,
su espuma te cubre de inexistencia,
estas tan recta,
por desgracia aún no te has dado cuenta.
Tu olor de incienso me despierta, me aferro a tu esfera,
bebo del néctar de tu esqueleto y nuevamente me percato
de que la muerte
nunca había estado tan cerca.
cedió mi sonrisa a tu agonía.
No existe ya ninguna evidencia de aquel día en el que nos conocimos.
La muerte se deslizó hoy tan cerca,
no era, como muchos creen, deforme y hedionda,
su silueta, aunque negra, se expandió como humareda,
de una jeringa saltó a tu piel, a tu cáncer,
apagó el aire y te salvó del incisivo segundo.
La muerte te hizo bella,
cómo detestarla entonces si te ha hecho nueva,
su espuma te cubre de inexistencia,
estas tan recta,
por desgracia aún no te has dado cuenta.
Tu olor de incienso me despierta, me aferro a tu esfera,
bebo del néctar de tu esqueleto y nuevamente me percato
de que la muerte
nunca había estado tan cerca.