Orfelunio
Poeta veterano en el portal
Seduciendo herencias
De niña buena te vestías cuento
con el vestido que compraste caro;
y procediste con bailar la imprnota
a revolver al corazón robado
que me decía la mujer es tonta
aunque se vista con el sol dorado.
Yo te deduje la imposible ronda
de los que beben el amor pintado,
y fui pintor de tu escalera rota,
y un escalón cedió por desgastado.
No hubo caída ni tampoco trompa,
solo la niña que sonriendo al falo,
puso la mano con el culo en pompa
y fue vestida del centauro auro.
Ay ay ay ay, ay lo que ahí te suele,
el puntapié sobre tu monte y prado;
por un bastón un elefante asoma
y no termina de llegar, ni duele,
venir a cuento su marfil estado.
Eres la máxima y común potencia
de las señoras, señoría oculta,
bajo tus faldas un jardín de mancias.
Sobre tu cuerpo que un pecado indulta
la gran virtud de seducir herencias.
Y me pusiste un huevo
y yo nací varón;
y los cíclopes albañiles
y los viejos sin futuro
edificaron un infante
para redimir al mundo.
De niña buena te vestías cuento
con el vestido que compraste caro;
y procediste con bailar la imprnota
a revolver al corazón robado
que me decía la mujer es tonta
aunque se vista con el sol dorado.
Yo te deduje la imposible ronda
de los que beben el amor pintado,
y fui pintor de tu escalera rota,
y un escalón cedió por desgastado.
No hubo caída ni tampoco trompa,
solo la niña que sonriendo al falo,
puso la mano con el culo en pompa
y fue vestida del centauro auro.
Ay ay ay ay, ay lo que ahí te suele,
el puntapié sobre tu monte y prado;
por un bastón un elefante asoma
y no termina de llegar, ni duele,
venir a cuento su marfil estado.
Eres la máxima y común potencia
de las señoras, señoría oculta,
bajo tus faldas un jardín de mancias.
Sobre tu cuerpo que un pecado indulta
la gran virtud de seducir herencias.
Y me pusiste un huevo
y yo nací varón;
y los cíclopes albañiles
y los viejos sin futuro
edificaron un infante
para redimir al mundo.