Asklepios
Incinerando envidias
Se internó, durante la noche, en el desfiladero
de su mente con la intención de meditar.
Sintió el pasar del viento que no
se detuvo en el desconsuelo de
las alturas; tampoco en el desorden,
ni en lo escaso de la vegetación.
Y se olvidó de recorrer esas esquinas
que los átomos ocupan cuando
atraviesan nuestra intimidad.
En el desfiladero, aquella noche,
todas las promesas se descubrieron
hasta detener sus latidos. Entonces fue que
algunas estrellas desobedecieron a la eternidad
y, como castigo, dejaron su brillo deshilachado.
Se dice que así fue el surgir de ciertos cometas y
de las esquivas estrellas fugaces…
… Y pasaron tantas cosas, que fue imposible
meditar.
de su mente con la intención de meditar.
Sintió el pasar del viento que no
se detuvo en el desconsuelo de
las alturas; tampoco en el desorden,
ni en lo escaso de la vegetación.
Y se olvidó de recorrer esas esquinas
que los átomos ocupan cuando
atraviesan nuestra intimidad.
En el desfiladero, aquella noche,
todas las promesas se descubrieron
hasta detener sus latidos. Entonces fue que
algunas estrellas desobedecieron a la eternidad
y, como castigo, dejaron su brillo deshilachado.
Se dice que así fue el surgir de ciertos cometas y
de las esquivas estrellas fugaces…
… Y pasaron tantas cosas, que fue imposible
meditar.