identidadnodefinida
Poeta asiduo al portal
Puto bastardo. Petrificado
entre los olmos y ojos
de supuestos alguaciles.
Él no tiene aliento. Ni liviano
alivio. Tampoco tiene nombre y apellido;
El oráculo de la hora prostituta,
lo engendró. ¡ Lo concebió !
La luciérnaga esotérica
pulverizó mi crianza contra natura. ¡ Puto Bastardo ! ¡ Puto Bastardo !
Le regocijo a mis supuestos
emperadores insensatos.
Entre sus mentes deslucidas,
reina la vil bajeza
que confronta su odio
contra el azar de mi inminente
participación. Dueléme!
Matáme! Descuartízame!
...Misericordiosa Vida.
Yo desmerezco tu castigo
indiferente frente al parásito
que quebró el ruin y juerguista
Destino; y cómo no:
Sus crueles camaradas...,
la panza que gesta el pecado
recolectado,
por el celeste desastre
del ceporro ortodoxo semental.
En nombre de todos los profetas
regrésenme a la tierra del paraíso. Salven este huérfano del infierno mundanal.
En nombre de mi desdicha,
¡ Dios o Viento ! defecar
es la pronuncia y protesta
que su fe y mi taciturna existencia,
deberán hacer escuchar.
Antes... de que mis emperadores,
puedan mis orejas taladrar.
entre los olmos y ojos
de supuestos alguaciles.
Él no tiene aliento. Ni liviano
alivio. Tampoco tiene nombre y apellido;
El oráculo de la hora prostituta,
lo engendró. ¡ Lo concebió !
La luciérnaga esotérica
pulverizó mi crianza contra natura. ¡ Puto Bastardo ! ¡ Puto Bastardo !
Le regocijo a mis supuestos
emperadores insensatos.
Entre sus mentes deslucidas,
reina la vil bajeza
que confronta su odio
contra el azar de mi inminente
participación. Dueléme!
Matáme! Descuartízame!
...Misericordiosa Vida.
Yo desmerezco tu castigo
indiferente frente al parásito
que quebró el ruin y juerguista
Destino; y cómo no:
Sus crueles camaradas...,
la panza que gesta el pecado
recolectado,
por el celeste desastre
del ceporro ortodoxo semental.
En nombre de todos los profetas
regrésenme a la tierra del paraíso. Salven este huérfano del infierno mundanal.
En nombre de mi desdicha,
¡ Dios o Viento ! defecar
es la pronuncia y protesta
que su fe y mi taciturna existencia,
deberán hacer escuchar.
Antes... de que mis emperadores,
puedan mis orejas taladrar.
Última edición: