Bruno GB
Poeta recién llegado
Con la oscuridad reclinada sobre una habitación
las siluetas de lo cotidiano van disipándose poco a poco
entre las sillas, la ropa y su cuerpo desnudo.
Por la ventana se asoma la luz de la Luna
como una blanquecina espía
curioseando en el templo del deseo.
Los sonidos se deslizan
igual que una inacabada melodía de susurros
plenos de vino y deleite
entregados,
densos,
sencillos como una nube.
Todo transcurre despacio,
fotograma a fotogama sonrío
antes de volver a sumergirme
entre sus sensaciones más escondidas.
De nuevo en ese lugar
me entretengo, despistado, por un camino lleno de ella
y la veo columpiándose en la palabra belleza
o salpicándome de futuros recuerdos.
Cuando menos lo espero, he vuelto a la habitación
para hallar que las murmurantes paredes
están manchadas de amor.
Y tumbada frente a mí
una dulzura despeinada
me habla en silencio con la mirada.
Al otro lado de la ventana, el mundo.
las siluetas de lo cotidiano van disipándose poco a poco
entre las sillas, la ropa y su cuerpo desnudo.
Por la ventana se asoma la luz de la Luna
como una blanquecina espía
curioseando en el templo del deseo.
Los sonidos se deslizan
igual que una inacabada melodía de susurros
plenos de vino y deleite
entregados,
densos,
sencillos como una nube.
Todo transcurre despacio,
fotograma a fotogama sonrío
antes de volver a sumergirme
entre sus sensaciones más escondidas.
De nuevo en ese lugar
me entretengo, despistado, por un camino lleno de ella
y la veo columpiándose en la palabra belleza
o salpicándome de futuros recuerdos.
Cuando menos lo espero, he vuelto a la habitación
para hallar que las murmurantes paredes
están manchadas de amor.
Y tumbada frente a mí
una dulzura despeinada
me habla en silencio con la mirada.
Al otro lado de la ventana, el mundo.
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