the.jester
Poeta recién llegado
RUBOR
(14/10/2016)
Detesto el rubor en tus mejillas.
Tu piel es blanca,
como los manteles de los dioses,
y cuando te ruborizas
tu rostro parece el mantel de un dios sin modales
que devoró algún hombre crudo y desnudo,
no lo soporto.
El rubor es vergüenza
y la vergüenza es culpa,
y la culpa delito.
Detesto el rubor en tus mejillas,
y cuando hay silencio lo detesto más.
Cuando el rostro está manchado de culpa
el silencio es cobardía
y la cobardía es engaño.
El rubor es sangre muy cerca de la superficie de la piel,
intentando salir,
el rubor es un pecado mudo intentando confesarse.
¿Quieres confesarte?,
¿acaso devoraste sin modales algún hombre crudo y desnudo?
Me ofrezco a ayudarte a redimir tu delito,
a quitar el sofoco de tu rostro,
a despojarlo de ese repugnante, inmundo, detestable y aberrante rubor.
¿Ya te dije que el rubor es sangre muy cerca de la superficie de la piel,
intentando salir?,
pues bien, ya te ayudaré con ello.
¡Grita!, para romper el silencio
y debelar el engaño,
yo me encargo del resto,
chispas de vergüenza en la pared,
charcos de culpa en el suelo,
el delito, el pecado, purgados,
derramados por doquier,
ruborizándolo todo,
menos tu rostro,
que más blanco que nunca,
puro y perfecto,
pronto estará
libre de culpa.
(14/10/2016)
Detesto el rubor en tus mejillas.
Tu piel es blanca,
como los manteles de los dioses,
y cuando te ruborizas
tu rostro parece el mantel de un dios sin modales
que devoró algún hombre crudo y desnudo,
no lo soporto.
El rubor es vergüenza
y la vergüenza es culpa,
y la culpa delito.
Detesto el rubor en tus mejillas,
y cuando hay silencio lo detesto más.
Cuando el rostro está manchado de culpa
el silencio es cobardía
y la cobardía es engaño.
El rubor es sangre muy cerca de la superficie de la piel,
intentando salir,
el rubor es un pecado mudo intentando confesarse.
¿Quieres confesarte?,
¿acaso devoraste sin modales algún hombre crudo y desnudo?
Me ofrezco a ayudarte a redimir tu delito,
a quitar el sofoco de tu rostro,
a despojarlo de ese repugnante, inmundo, detestable y aberrante rubor.
¿Ya te dije que el rubor es sangre muy cerca de la superficie de la piel,
intentando salir?,
pues bien, ya te ayudaré con ello.
¡Grita!, para romper el silencio
y debelar el engaño,
yo me encargo del resto,
chispas de vergüenza en la pared,
charcos de culpa en el suelo,
el delito, el pecado, purgados,
derramados por doquier,
ruborizándolo todo,
menos tu rostro,
que más blanco que nunca,
puro y perfecto,
pronto estará
libre de culpa.
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