poetakabik
Poeta veterano en el portal
Te amé como se ama lo imposible,
sabiendo que el amor también se pierde;
te amé con esa fe que no se aprende
y duele más cuanto parece invencible.
No quise retenerte ni pedirte,
porque amar es arder sin condiciones;
y aun sabiendo que hirió mis ilusiones,
volvería mil veces a quererte.
Tu ausencia fue un rumor que me seguía,
una forma de estar sin estar cerca;
eras la herida fiel que no se cierra
y el nombre que mi voz no repetía.
Amarte fue decirte cada día
con gestos que no piden recompensa
que el alma, cuando ama, no se piensa:
se entrega, y en su entrega se vacía.
No fue pasión tan solo, fue destino,
fue andar desnudo al borde de la vida;
yo puse el corazón, y tú la herida,
y el tiempo nos cerró como a un camino.
Te fuiste sin saber que aún te quedabas
en todo lo que soy cuando respiro;
porque el amor verdadero —te lo digo—
no muere cuando duele: se transforma.
Si un día me recuerdas, no te aflijas:
no guardo reproches ni condenas.
Amar también es dar sin pedir penas,
y aceptar que el adiós no nos elija.
Yo fui feliz tan solo por amarte,
aunque el final no fuera lo esperado;
pues nadie pierde habiendo amado tanto,
ni queda solo quien supo entregarse.
Y ahora sé que amar no es poseer,
sino quedarse fiel a lo vivido;
si el amor fue verdad, no fue perdido,
aunque no vuelva nunca a suceder.
Te amé. Y eso, aun sin ti,
me basta.
sabiendo que el amor también se pierde;
te amé con esa fe que no se aprende
y duele más cuanto parece invencible.
No quise retenerte ni pedirte,
porque amar es arder sin condiciones;
y aun sabiendo que hirió mis ilusiones,
volvería mil veces a quererte.
Tu ausencia fue un rumor que me seguía,
una forma de estar sin estar cerca;
eras la herida fiel que no se cierra
y el nombre que mi voz no repetía.
Amarte fue decirte cada día
con gestos que no piden recompensa
que el alma, cuando ama, no se piensa:
se entrega, y en su entrega se vacía.
No fue pasión tan solo, fue destino,
fue andar desnudo al borde de la vida;
yo puse el corazón, y tú la herida,
y el tiempo nos cerró como a un camino.
Te fuiste sin saber que aún te quedabas
en todo lo que soy cuando respiro;
porque el amor verdadero —te lo digo—
no muere cuando duele: se transforma.
Si un día me recuerdas, no te aflijas:
no guardo reproches ni condenas.
Amar también es dar sin pedir penas,
y aceptar que el adiós no nos elija.
Yo fui feliz tan solo por amarte,
aunque el final no fuera lo esperado;
pues nadie pierde habiendo amado tanto,
ni queda solo quien supo entregarse.
Y ahora sé que amar no es poseer,
sino quedarse fiel a lo vivido;
si el amor fue verdad, no fue perdido,
aunque no vuelva nunca a suceder.
Te amé. Y eso, aun sin ti,
me basta.
Última edición: