Dark Shadowlord
Poeta recién llegado
La pareja real se encontraba en el salón del trono escuchando al temeroso mensajero mientras entregaba un siniestro reporte de la actividad más reciente. El país estaba en guerra, muchas vidas se habían perdido, los soldados que no morían, eran capturados por las fuerzas enemigas.
El rey era un hombre reconocido tanto por su habilidad en combate y como estratega militar, como por su increíble inteligencia. Pocos sabios se le comparaban. La reina era un poco más humilde, había nacido en una familia pequeña del pueblo más cercano, cuando el rey la vio, se enamoró perdidamente de ella. Se habían casado poco después, pero la reina no poseía ni la habilidad guerrera ni la inteligencia de su esposo, pues en su condición no se podía permitir el entrenamiento ni las horas de estudio frente a los polvorientos libros de la biblioteca, pues esto era poco decoroso en una mujer.
Así que, en estos tiempos de guerra, poco tenía la reina que hacer sentada en el trono, prefería pasar el día cuidando de su pequeña hija de seis años, una hermosa damita que prometía ser una gran reina.
Pero la guerra se expandió y llegó a una de las ciudades cercanas. El rey salió rápidamente a contener el tumulto, y le pidió a su amada esposa que fuera con él, el ejército enemigo no parecía muy grande, así que consideró buena idea el apoyo de su esposa y le dijo que dejara a la hija en manos de una nodriza o una criada, pues no tardarían en volver.
En la batalla, las huestes del rey fueron sorprendidas por un hábil movimiento estratégico del contrincante. Todas las fuerzas atacantes se habían acercado sigilosamente al campamento y, atacando por todos los ángulos, comenzaron un incendio que acabó con la mayoría de las tiendas. El ejército del rey, mejor entrenado y más numeroso, logró detener el ataque, pero, al dar cuenta de los heridos, descubrieron a muchos incinerados en sus tiendas, en una de ellas estaba la reina, así que los soldados buscaron rápidamente al rey, pero lo encontraron al lado de un enemigo muerto, con una espada clavada en el pecho. Falleció antes de que pudieran darle la terrible noticia de la muerte de su esposa, así que los fieles soldados, llevaron los dos cuerpos y los enterraron juntos en los jardines del castillo.
La pequeña princesa, al enterarse de la muerte de sus padres lloró por muchos días y muchas noches, lloró hasta quedarse sin lágrimas, lamentando a su querida madre y a su valeroso padre.
Pero la pena fue superada poco a poco, la pequeña descubrió una actividad que la calmaba y le ayudaba a superar las penas, los libros. Siempre se preguntó por qué su madre le decía que no los leyera, que no eran adecuados para señoritas, pero a ella le gustaban mucho y pensó que no eran tan malos. Así pasaron los años y paso la guerra, pues el reino estaba más que preparado para resistirla, aunque les costó mucho trabajo y vidas, pero habían triunfado. La pequeña se convirtió en reina, pero pusieron a un encargado para las funciones del rey, pues ella era aún muy joven. Pero esa joven fue creciendo, se convirtió en una señorita, con tanta clase que asombraría a su madre, pero, al mismo tiempo, gracias a sus largas horas pasadas en la biblioteca del castillo, había aprendido mucho, se había hecho tan inteligente como su difunto padre, y esa inteligencia la demostró cuando tomó el poder del regente. Miles de personas en el reino se asombraron de la capacidad de la chiquilla, pues no era normal que una mujer presentara tales rasgos, así que empezó el rumor de que no era una niña normal, que de hecho, el espíritu del padre podría haberse apoderado de su cuerpo y por eso era tan lista y brillante, de esta manera comenzaron a llamarle "Rey" en lugar de "Reina".
Cuando la reina se enteró de estos rumores se puso a reflexionar durante horas, y llegó a la conclusión de que eran verdaderos, pues en la historia de ese reino, una mujer jamás habría sido dotada de tales cualidades, así que aceptó el título de "Rey" repitiéndose a sí misma que sus dotes eran gracias a su padre y no a su propia naturaleza, y se culpó a sí misma por pensar que había logrado eso por sus propios méritos.
-Bah- pensó- como si las mujeres fuéramos capaces de esa inteligencia.
P.D. Cada día las mujeres nos demuestran que son capaces no sólo de eso, sino mucho más.
Todos tenemos las mismas capacidades y, al mismo tiempo, son diferentes, cada quién tiene una mayor habilidad, pero éstas no se distinguen por el sexo, yo he conocido mujeres mecánicas automotrices y hombres bailarines, y he comprobado que eso no les hace menos, al contrario es admirable que se atrevan a navegar en contra de la corriente.
¡No a la discriminación! Saludos.
El rey era un hombre reconocido tanto por su habilidad en combate y como estratega militar, como por su increíble inteligencia. Pocos sabios se le comparaban. La reina era un poco más humilde, había nacido en una familia pequeña del pueblo más cercano, cuando el rey la vio, se enamoró perdidamente de ella. Se habían casado poco después, pero la reina no poseía ni la habilidad guerrera ni la inteligencia de su esposo, pues en su condición no se podía permitir el entrenamiento ni las horas de estudio frente a los polvorientos libros de la biblioteca, pues esto era poco decoroso en una mujer.
Así que, en estos tiempos de guerra, poco tenía la reina que hacer sentada en el trono, prefería pasar el día cuidando de su pequeña hija de seis años, una hermosa damita que prometía ser una gran reina.
Pero la guerra se expandió y llegó a una de las ciudades cercanas. El rey salió rápidamente a contener el tumulto, y le pidió a su amada esposa que fuera con él, el ejército enemigo no parecía muy grande, así que consideró buena idea el apoyo de su esposa y le dijo que dejara a la hija en manos de una nodriza o una criada, pues no tardarían en volver.
En la batalla, las huestes del rey fueron sorprendidas por un hábil movimiento estratégico del contrincante. Todas las fuerzas atacantes se habían acercado sigilosamente al campamento y, atacando por todos los ángulos, comenzaron un incendio que acabó con la mayoría de las tiendas. El ejército del rey, mejor entrenado y más numeroso, logró detener el ataque, pero, al dar cuenta de los heridos, descubrieron a muchos incinerados en sus tiendas, en una de ellas estaba la reina, así que los soldados buscaron rápidamente al rey, pero lo encontraron al lado de un enemigo muerto, con una espada clavada en el pecho. Falleció antes de que pudieran darle la terrible noticia de la muerte de su esposa, así que los fieles soldados, llevaron los dos cuerpos y los enterraron juntos en los jardines del castillo.
La pequeña princesa, al enterarse de la muerte de sus padres lloró por muchos días y muchas noches, lloró hasta quedarse sin lágrimas, lamentando a su querida madre y a su valeroso padre.
Pero la pena fue superada poco a poco, la pequeña descubrió una actividad que la calmaba y le ayudaba a superar las penas, los libros. Siempre se preguntó por qué su madre le decía que no los leyera, que no eran adecuados para señoritas, pero a ella le gustaban mucho y pensó que no eran tan malos. Así pasaron los años y paso la guerra, pues el reino estaba más que preparado para resistirla, aunque les costó mucho trabajo y vidas, pero habían triunfado. La pequeña se convirtió en reina, pero pusieron a un encargado para las funciones del rey, pues ella era aún muy joven. Pero esa joven fue creciendo, se convirtió en una señorita, con tanta clase que asombraría a su madre, pero, al mismo tiempo, gracias a sus largas horas pasadas en la biblioteca del castillo, había aprendido mucho, se había hecho tan inteligente como su difunto padre, y esa inteligencia la demostró cuando tomó el poder del regente. Miles de personas en el reino se asombraron de la capacidad de la chiquilla, pues no era normal que una mujer presentara tales rasgos, así que empezó el rumor de que no era una niña normal, que de hecho, el espíritu del padre podría haberse apoderado de su cuerpo y por eso era tan lista y brillante, de esta manera comenzaron a llamarle "Rey" en lugar de "Reina".
Cuando la reina se enteró de estos rumores se puso a reflexionar durante horas, y llegó a la conclusión de que eran verdaderos, pues en la historia de ese reino, una mujer jamás habría sido dotada de tales cualidades, así que aceptó el título de "Rey" repitiéndose a sí misma que sus dotes eran gracias a su padre y no a su propia naturaleza, y se culpó a sí misma por pensar que había logrado eso por sus propios méritos.
-Bah- pensó- como si las mujeres fuéramos capaces de esa inteligencia.
P.D. Cada día las mujeres nos demuestran que son capaces no sólo de eso, sino mucho más.
Todos tenemos las mismas capacidades y, al mismo tiempo, son diferentes, cada quién tiene una mayor habilidad, pero éstas no se distinguen por el sexo, yo he conocido mujeres mecánicas automotrices y hombres bailarines, y he comprobado que eso no les hace menos, al contrario es admirable que se atrevan a navegar en contra de la corriente.
¡No a la discriminación! Saludos.