SOLCIEGO
Poeta asiduo al portal
Retorna la conciencia... Soñolienta,
del azaroso caudal de fango y tierra,
cenizas del torrente del misterio,
desde la pétrea oscuridad de las tinieblas,
deshecha a la mágica pincelada de luz
cada madrugada verde y violeta.
Loco el huracán violento, despiadado
limpia las astillas quemadas,
que en la planicie aniquila el fuego,
cuando las almas huyen al destierro.
El alma ausente a ratos
en su moribundo sueño,
lejos de la ilógica existencia,
vuelve solitaria de la noche lóbrega,
donde la desvergonzada lujuria reina,
entre vahos de éxtasis falsos
envuelta en locuras y nieblas.
Hundida en el visible fango espeso,
en las anebladas madrugadas
arrastra sus pasos al vacío del barranco,
mutilando la vida que tanto ha costado.
Solo la inocencia simple y bella,
tesoro oculto de Dios en su esencia,
pues siempre será él, quien dicte condena,
después que sus perdones,
azoten de reproches, la mente ya serena,
se abrirá la paz dentro de ella.
Vuelve de pronto la conciencia,
y con la brisa canta sus leyendas,
por qué la luz es luz donde sea,
y todos los luceros retornarán de vuelta
a la noche de siempre en la espera,
y de aquel manto negro, silente y horadado
como punzonadas de luz que la atraviesan,
en sus labios habrá una sonrisa pálida y tierna.
... no hay vacío
... todo está lleno de misterio
... consigue tu luz
... y conseguirás de Dios el cielo.
del azaroso caudal de fango y tierra,
cenizas del torrente del misterio,
desde la pétrea oscuridad de las tinieblas,
deshecha a la mágica pincelada de luz
cada madrugada verde y violeta.
Loco el huracán violento, despiadado
limpia las astillas quemadas,
que en la planicie aniquila el fuego,
cuando las almas huyen al destierro.
El alma ausente a ratos
en su moribundo sueño,
lejos de la ilógica existencia,
vuelve solitaria de la noche lóbrega,
donde la desvergonzada lujuria reina,
entre vahos de éxtasis falsos
envuelta en locuras y nieblas.
Hundida en el visible fango espeso,
en las anebladas madrugadas
arrastra sus pasos al vacío del barranco,
mutilando la vida que tanto ha costado.
Solo la inocencia simple y bella,
tesoro oculto de Dios en su esencia,
pues siempre será él, quien dicte condena,
después que sus perdones,
azoten de reproches, la mente ya serena,
se abrirá la paz dentro de ella.
Vuelve de pronto la conciencia,
y con la brisa canta sus leyendas,
por qué la luz es luz donde sea,
y todos los luceros retornarán de vuelta
a la noche de siempre en la espera,
y de aquel manto negro, silente y horadado
como punzonadas de luz que la atraviesan,
en sus labios habrá una sonrisa pálida y tierna.
... no hay vacío
... todo está lleno de misterio
... consigue tu luz
... y conseguirás de Dios el cielo.