Nada Vratovic
Poeta recién llegado
Me duelen los dedos
de juntar una y otra vez los pedazos del mundo.
De ponerle vendas inútiles
que enseguida vuelven a teñirse de esta suciedad sanguinolenta;
heces y lágrimas.
De besar heridas que jamás se cierran
y mancharme los labios de enfermedad.
No,
este sufrimiento merece una eutanasia
y empezar de cero,
rezando por la reencarnación.
Quizá mi mundo pueda resurgir de toda su podredumbre;
quizás exista una nueva pureza más allá del caos,
más fuerte,
más cruel,
más brillante,
más vanidosa.
Todo aquello que debí ser desde un principio.
Voy a rasgar los velos del tiempo
y de la realidad
en nombre de mi resurrección.
de juntar una y otra vez los pedazos del mundo.
De ponerle vendas inútiles
que enseguida vuelven a teñirse de esta suciedad sanguinolenta;
heces y lágrimas.
De besar heridas que jamás se cierran
y mancharme los labios de enfermedad.
No,
este sufrimiento merece una eutanasia
y empezar de cero,
rezando por la reencarnación.
Quizá mi mundo pueda resurgir de toda su podredumbre;
quizás exista una nueva pureza más allá del caos,
más fuerte,
más cruel,
más brillante,
más vanidosa.
Todo aquello que debí ser desde un principio.
Voy a rasgar los velos del tiempo
y de la realidad
en nombre de mi resurrección.