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Relatos

MarcosR

Miembro del Jurado
Miembro del equipo
Miembro del JURADO DE LA MUSA
Antes de ayer al caer la tarde, mientras revolvía papeles viejos, buscando un pequeño libro de historia que había olvidado su paradero, y que en ese momento me parecía imprescindible para poder complementar la información acerca de unos hechos ocurridos hace cincuenta años, y que estaba completamente seguro de que ahí en ese librito menudo, se encontraba el dato preciso que el nuevo libro recién salido sobre este tema había pasado por alto, quién sabe si por olvido involuntario, desconocimiento, o quizá como parte de una estrategia solapada para construir un nuevo relato, para un nuevo pasado. Una nueva versión de la historia reciente, que deje de lado algunos asuntos, un tanto complicados quizá, o incómodos para el poder de turno.
Pero no lo encontré. Por más que busqué y busqué y todo lo puse patas para arriba, no pude encontrarlo.
Cuando estaba por caer la noche y ya agotado me disponía a ordenar y guardar, apareció en mis manos un librillo de poemas, firmado y dedicado, que una vez me obsequiaste una noche de invierno, sentados en la plaza de aquel pueblo perdido, recostados a un árbol, mirando las estrellas. Tanto tiempo sin verte que te creía olvidada, y ahí estabas en versos delante de mi alma, otra vez como antes. Y empecé a recordarte, tan repleta de sueños, mirando al horizonte, desafiando al destino. Con esas ganas locas de correr y escapar, de traspasar los muros, de volar más allá de esas calles y de esos pavimentos.
Teníamos veinte años y las piernas hambrientas de camino, el futuro en los ojos y en las manos, como un papel en blanco tendido a nuestros pasos, para salir a andar y pintar en colores nuestro amor peregrino. Siempre solías reír cuando te emocionabas, y me abrazabas fuerte conteniendo un sollozo, y el tiempo se estancaba, y eras todo lo hermoso que el mundo podría darme.
¿Qué será de tu vida hermosa compañera?
Cierto es que nunca pude seguirte en ese vuelo, no tuve tu coraje, tu temple, tu valía, tus pasos decididos, tus saltos en el viento. Hoy que el tiempo ha pasado por mis venas roídas, me urge recordarte tan llena de sentido, y duele tu partida.
Y entiendo con tristeza que en mi historia reciente te relaté distinta, que me inventé una historia recortada de abrazos, para poder seguir sin mirar al pasado y así dolieran menos los sueños abortados, trancados en el alma. Quise dejarte atrás en un tiempo remoto, oscuro, indefinido. Oculta entre las horas que se comen el rumbo, tapada de rutinas y de pasos cansados.
Fui a buscar una historia y me acechó la nuestra, y es tanta la tristeza por el tiempo perdido, que sobre el alma pesan los inviernos pasados.
Ese libro de poemas, arrojado al olvido, desterrado del mundo de mis pasos en falso, era el dato preciso, la página faltante del libro de mi vida.
 
Antes de ayer al caer la tarde, mientras revolvía papeles viejos, buscando un pequeño libro de historia que había olvidado su paradero, y que en ese momento me parecía imprescindible para poder complementar la información acerca de unos hechos ocurridos hace cincuenta años, y que estaba completamente seguro de que ahí en ese librito menudo, se encontraba el dato preciso que el nuevo libro recién salido sobre este tema había pasado por alto, quién sabe si por olvido involuntario, desconocimiento, o quizá como parte de una estrategia solapada para construir un nuevo relato, para un nuevo pasado. Una nueva versión de la historia reciente, que deje de lado algunos asuntos, un tanto complicados quizá, o incómodos para el poder de turno.
Pero no lo encontré. Por más que busqué y busqué y todo lo puse patas para arriba, no pude encontrarlo.
Cuando estaba por caer la noche y ya agotado me disponía a ordenar y guardar, apareció en mis manos un librillo de poemas, firmado y dedicado, que una vez me obsequiaste una noche de invierno, sentados en la plaza de aquel pueblo perdido, recostados a un árbol, mirando las estrellas. Tanto tiempo sin verte que te creía olvidada, y ahí estabas en versos delante de mi alma, otra vez como antes. Y empecé a recordarte, tan repleta de sueños, mirando al horizonte, desafiando al destino. Con esas ganas locas de correr y escapar, de traspasar los muros, de volar más allá de esas calles y de esos pavimentos.
Teníamos veinte años y las piernas hambrientas de camino, el futuro en los ojos y en las manos, como un papel en blanco tendido a nuestros pasos, para salir a andar y pintar en colores nuestro amor peregrino. Siempre solías reír cuando te emocionabas, y me abrazabas fuerte conteniendo un sollozo, y el tiempo se estancaba, y eras todo lo hermoso que el mundo podría darme.
¿Qué será de tu vida hermosa compañera?
Cierto es que nunca pude seguirte en ese vuelo, no tuve tu coraje, tu temple, tu valía, tus pasos decididos, tus saltos en el viento. Hoy que el tiempo ha pasado por mis venas roídas, me urge recordarte tan llena de sentido, y duele tu partida.
Y entiendo con tristeza que en mi historia reciente te relaté distinta, que me inventé una historia recortada de abrazos, para poder seguir sin mirar al pasado y así dolieran menos los sueños abortados, trancados en el alma. Quise dejarte atrás en un tiempo remoto, oscuro, indefinido. Oculta entre las horas que se comen el rumbo, tapada de rutinas y de pasos cansados.
Fui a buscar una historia y me acechó la nuestra, y es tanta la tristeza por el tiempo perdido, que sobre el alma pesan los inviernos pasados.
Ese libro de poemas, arrojado al olvido, desterrado del mundo de mis pasos en falso, era el dato preciso, la página faltante del libro de mi vida.

pausadas, emotivas letras.
Agradable lectura, MarcosR.
Saludos.
 
Antes de ayer al caer la tarde, mientras revolvía papeles viejos, buscando un pequeño libro de historia que había olvidado su paradero, y que en ese momento me parecía imprescindible para poder complementar la información acerca de unos hechos ocurridos hace cincuenta años, y que estaba completamente seguro de que ahí en ese librito menudo, se encontraba el dato preciso que el nuevo libro recién salido sobre este tema había pasado por alto, quién sabe si por olvido involuntario, desconocimiento, o quizá como parte de una estrategia solapada para construir un nuevo relato, para un nuevo pasado. Una nueva versión de la historia reciente, que deje de lado algunos asuntos, un tanto complicados quizá, o incómodos para el poder de turno.
Pero no lo encontré. Por más que busqué y busqué y todo lo puse patas para arriba, no pude encontrarlo.
Cuando estaba por caer la noche y ya agotado me disponía a ordenar y guardar, apareció en mis manos un librillo de poemas, firmado y dedicado, que una vez me obsequiaste una noche de invierno, sentados en la plaza de aquel pueblo perdido, recostados a un árbol, mirando las estrellas. Tanto tiempo sin verte que te creía olvidada, y ahí estabas en versos delante de mi alma, otra vez como antes. Y empecé a recordarte, tan repleta de sueños, mirando al horizonte, desafiando al destino. Con esas ganas locas de correr y escapar, de traspasar los muros, de volar más allá de esas calles y de esos pavimentos.
Teníamos veinte años y las piernas hambrientas de camino, el futuro en los ojos y en las manos, como un papel en blanco tendido a nuestros pasos, para salir a andar y pintar en colores nuestro amor peregrino. Siempre solías reír cuando te emocionabas, y me abrazabas fuerte conteniendo un sollozo, y el tiempo se estancaba, y eras todo lo hermoso que el mundo podría darme.
¿Qué será de tu vida hermosa compañera?
Cierto es que nunca pude seguirte en ese vuelo, no tuve tu coraje, tu temple, tu valía, tus pasos decididos, tus saltos en el viento. Hoy que el tiempo ha pasado por mis venas roídas, me urge recordarte tan llena de sentido, y duele tu partida.
Y entiendo con tristeza que en mi historia reciente te relaté distinta, que me inventé una historia recortada de abrazos, para poder seguir sin mirar al pasado y así dolieran menos los sueños abortados, trancados en el alma. Quise dejarte atrás en un tiempo remoto, oscuro, indefinido. Oculta entre las horas que se comen el rumbo, tapada de rutinas y de pasos cansados.
Fui a buscar una historia y me acechó la nuestra, y es tanta la tristeza por el tiempo perdido, que sobre el alma pesan los inviernos pasados.
Ese libro de poemas, arrojado al olvido, desterrado del mundo de mis pasos en falso, era el dato preciso, la página faltante del libro de mi vida.
Unas veces uno busca y no encuentra; otras, el recuerdo nos encuentra y nos ofrece sus visiones.
Excelente relato, a mi modesto modo de ver.
Encantado con la lectura.
 
Precioso y a la vez muy triste y emotivo. Me hacen llorar ese tipo de relatos, de veras.

Entre tanto individualismo, superficialidad e insensibilidad el verdadero amor existe. Claro que existe.
Hola!!!
Si, también lo creo, pero nos exige estar a la altura, de ahí la dificultad y el desafío.
Muchas gracias por la visita y tan amable comentario.
Te mando un gran abrazo desde el sur.
 
Antes de ayer al caer la tarde, mientras revolvía papeles viejos, buscando un pequeño libro de historia que había olvidado su paradero, y que en ese momento me parecía imprescindible para poder complementar la información acerca de unos hechos ocurridos hace cincuenta años, y que estaba completamente seguro de que ahí en ese librito menudo, se encontraba el dato preciso que el nuevo libro recién salido sobre este tema había pasado por alto, quién sabe si por olvido involuntario, desconocimiento, o quizá como parte de una estrategia solapada para construir un nuevo relato, para un nuevo pasado. Una nueva versión de la historia reciente, que deje de lado algunos asuntos, un tanto complicados quizá, o incómodos para el poder de turno.
Pero no lo encontré. Por más que busqué y busqué y todo lo puse patas para arriba, no pude encontrarlo.
Cuando estaba por caer la noche y ya agotado me disponía a ordenar y guardar, apareció en mis manos un librillo de poemas, firmado y dedicado, que una vez me obsequiaste una noche de invierno, sentados en la plaza de aquel pueblo perdido, recostados a un árbol, mirando las estrellas. Tanto tiempo sin verte que te creía olvidada, y ahí estabas en versos delante de mi alma, otra vez como antes. Y empecé a recordarte, tan repleta de sueños, mirando al horizonte, desafiando al destino. Con esas ganas locas de correr y escapar, de traspasar los muros, de volar más allá de esas calles y de esos pavimentos.
Teníamos veinte años y las piernas hambrientas de camino, el futuro en los ojos y en las manos, como un papel en blanco tendido a nuestros pasos, para salir a andar y pintar en colores nuestro amor peregrino. Siempre solías reír cuando te emocionabas, y me abrazabas fuerte conteniendo un sollozo, y el tiempo se estancaba, y eras todo lo hermoso que el mundo podría darme.
¿Qué será de tu vida hermosa compañera?
Cierto es que nunca pude seguirte en ese vuelo, no tuve tu coraje, tu temple, tu valía, tus pasos decididos, tus saltos en el viento. Hoy que el tiempo ha pasado por mis venas roídas, me urge recordarte tan llena de sentido, y duele tu partida.
Y entiendo con tristeza que en mi historia reciente te relaté distinta, que me inventé una historia recortada de abrazos, para poder seguir sin mirar al pasado y así dolieran menos los sueños abortados, trancados en el alma. Quise dejarte atrás en un tiempo remoto, oscuro, indefinido. Oculta entre las horas que se comen el rumbo, tapada de rutinas y de pasos cansados.
Fui a buscar una historia y me acechó la nuestra, y es tanta la tristeza por el tiempo perdido, que sobre el alma pesan los inviernos pasados.
Ese libro de poemas, arrojado al olvido, desterrado del mundo de mis pasos en falso, era el dato preciso, la página faltante del libro de mi vida.
El buscador encontrado; como ese giro clandestino en lugares públicos o esa manera de perderse y darle sentido al rumbo; qué importa si el hecho es real o inventado mientras deje un suspiro un halo un redondeo
en la retina cómplice.
Buenas letras, abrazo compañero.
 
El buscador encontrado; como ese giro clandestino en lugares públicos o esa manera de perderse y darle sentido al rumbo; qué importa si el hecho es real o inventado mientras deje un suspiro un halo un redondeo
en la retina cómplice.
Buenas letras, abrazo compañero.
Hola, compañero Riolita!
Qué gusto encontrarlo por aquí!
A veces uno se fabrica un relato indulgente
con uno mismo, acerca de alguna circunstancia
que "conviene maquillar" para poder seguir.
Pero a la corta o a la larga
se le ven las patas a la sota,
y el autoengaño se hace manifiesto,
y el castillo de naipes se cae,
y la tristeza brota...
y usted sabe bien que luego
ya no puede disimularse.
Muchísimas gracias por la visita
y amable comentario querido amigo,
y mis mejores deseos para este nuevo año.
Abrazo grande!
 
Última edición:
Es una hermosa historia MarcosR, Y posee una hermosa nostalgia. Una prosa de profunda , que llega al alma.
Quizás ese era el momento adecuado para reencontrarte con el libro de poemas y recordar tu pasado. No creo en las casualidades, creo que casi todo tiene un porque, el destino o fuerza superior nos da lo que necesitamos en el momento que cree que es el momento justo.
Un gran abrazo y que pases una bella semana.
 
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