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Relato breve- Lourdes.

marya Jesús

Poeta que considera el portal su segunda casa
 
 
Pensó en volver a casa, estaba cansada de esconderse cada vez que oía una sirena.
Seguro que la buscaban, una mujer tan importante, desaparecida así sin más... No había querido ni mirar la prensa para no cambiar de idea y seguir firme en su decisión de huir, sin embargo, ahora dudaba de esa decisión. En casa no tenía que preocuparse de nada, en cambio empezar desde cero a su edad era muy dificil.
Se pasó el día en el parque, bajo el sol, meditando qué hacer. Por la tarde llegaron mujeres con sus hijos, los niños jugaban alegres y ella sintió añoranza de otros tiempos, ya tan lejanos. Llevaba al parque a su hijo y disfrutaba de sus juegos tanto como él.
¿Dónde estaría su hijo? ¿Estaría preocupado por ella? Se le llenaron los ojos de lágrimas y no pudo dejar de llorar hasta que su pecho y su barbilla dejaron de temblar.
De pronto fue consciente del silencio que reinaba en el parque, todos se habían ido y sólo se oía el agua de la fuente que fluía sin cesar y algunos trinos. Los pájaros bajaron a beber agua y los trinos se hicieron más agudos.
Se acercó a la fuente y se mojó la cara con las manos, a continuación salió del parque.
Pensó coger un taxi pero no pasaba ninguno en aquel momento. Se dirigió a la parada del autobús, decididamente volvería a casa.
Había varias personas haciendo fila. Se quedó allí, la última, se sentía triste pero no podía hacer otra cosa, le faltaban las fuerzas.
Cuando llegó el autobús subió con desgana y se sentó sola en un asiento que había libre al final.
Al rato salieron de la ciudad y en el autobús sólo quedaba ella. Las aceras desaparecieron y en su lugar, a ambos lados de la carretera, crecía la hierba entre árboles y matorrales. En la última parada se bajó y se dirigió por el camino que se perdía detrás de unos pinos.
Al subir la cuesta y dar la vuelta, vió su casa. Allí seguía, inmensa, majestuosa, rodeada de pinos y tras aquellos enormes muros.
Se acercó a la puerta y llamó al timbre oyó el sonido de apertura metalica y empujó. La gran puerta cedió, ella atravesó el umbral. Apareció Luis acompañado de otro hombre que no conocía y le saludó con desgana:
- "Buenas noches Luis, no quiero preguntas por favor, me encuentro perfectamente ¿Está mi hijo en casa?"
- "No señora, ud. sabe que eso es imposible"
- "¡No seas insolente Luis! ¡Y avisa a la cocina para que me preparen la cena!"
Luis movió la cabeza arriba y abajo y empezó a caminar al lado de Lourdes. Enseguida llegaron a otra puerta, desde una especia de portería otro señor abrió la siguiente puerta, el que acompañaba a Luis desde el principio permanecía en silencio caminando detrás de Lourdes.
Después de pasar se oyó a sus espaldas el sonido del cierre, Lourdes se volvió pretendiendo abrir pero no consiguió hacerlo. Otro hombre apareció con aquella horrible blusa que ella odiaba tanto, se enfureció y comenzó a gritarle:
- "No sé quién es ud. pero quite de mi vista esa blusa tan hortera, todos en casa saben que la odio".
Luis se acercó a ella:
- "Traquilícese Lourdes, tranquila.
En lugar de tranquilizarse, Lourdes se mostró furiosa. Luis hizo una señal al otro hombre para que le ayudara a sujetarla.
Los alaridos se oían a través de los pasillos que hacian eco y retumbaban y todo el personal del psiquiátrico comprendió que Lourdes había vuelto.



 
 
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