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Reglas sin interpretación ...

Armando Gómez

Poeta recién llegado
En está cárcel donde se aprisiona mi libertad, hay un casillero donde documento momentos
Trazos de sentimientos irregulares, que se alinean entre lo que busco y lo que encuentro
Habita el ser que creo entre textos, escultura del artista que quiere convertir el arte, en un ser vivo
Compacta mis defectos, aniquila mis preceptos, y acomoda mis sueños en archivos
Activo edificio entre escombros y cimientos, base, de la clase que me imparte el insomnio
Levanto la mano, pongo sed y delirios presentes, mientras me acompañan mis demonios
Nos reímos de los dramas, en una divina comedia de la razón excesiva, amiga de la depresión
Tramamos travesuras, en la cuerda locura, una seria aventura hacia la perfección
Y al finalizar la lección dinamito la institución, fundada por las pisadas de mi suela
Porque al final lo que importa es el amor, y ellos no entienden que ya no quiero noches en vela
Mi complejidad alcanza un punto, que necesito la sobriedad de la tan sobrevalorada simpleza
Inspirada por la desnutrición del ego, la desnudez del alma, y el pan que de repente brilla en la mesa
Termino exhausto, mi psicólogo el papel propone una cita diaria, pero ya no quiero seguir pensando
Y vuelvo a la vida fácil, donde no encajo, y el trabajo que me despeja, luego me deja llorando
Internamente, pues mis lágrimas se acumulan en páginas tristes, escondidas bajo su transgresor, el ingenio
Y mis líneas se convierten en gráficos abstractos, que determinan que encuentro paz, mientras busco mi premio
Y crece, la figura toma forma, y me informa que que tenga claro quien es el yo, que tengo que decapitar
Y parece, que mis fisuras son las normas, que rezan dogmas, que no pretendo, y reprendo al andar
Y mis documentos indagan, que las dagas del pasado no me matan, pero me atan al torpe y vacío mundo
El tormento me muestra la saga absurda, que monto, y así me siento tonto, al fin, y en el luto disfruto cada segundo
Y me hago un suicida barato, pues termino con la fiesta de mi vida, sin invitar a la muerte, nunca fuí tan elegante
Y como un mago, mi despedida, me lanzó al fracaso eterno, en acto de cobardía valiente, sin interés pero interesante...
 
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