Agustín Nicolás
"El recuerdo es el idioma de los sentimientos"
Reflexión nocturna
Las nubes cruzan lentas,
viajan por el azul de la madrugada.
La luna, en su auge, luce esbelta;
su luz me baña.
La leve brisa,
el canto de los grillos,
me acompañan.
¿Cuántos estarán viendo y sintiendo lo mismo?
¿Cuántos a lo largo de la historia?
Los primeros lo reviviremos en otra ocasión y en la memoria;
los otros (como a nosotros en algún tiempo)
ya se los llevó el olvido.
Al pronunciar una línea de Shakespeare, todos somos Shakespeare, dijo Borges.
Yo, al ver la luna, al enamorarme, al sentirme un desdichado,
al oler una rosa o sentir la brisa matutina de otoño,
soy todas las personas que en ese instante,
o en el pasado o en el futuro,
experimenten esas sensaciones.
Una persona es todas las personas.
Las nubes encapotaron el cielo.
La tormenta de a poco se acerca.
El humo del té sube y parece querer encarnarse con ella
y viajar lejos;
ser soplado por los vientos;
flotar por los verdes campos;
ser pintado por el ocaso o el alba, o por la luna;
observar todas las noches las estrellas.
El sueño se adueña de mí.
2:30 marca el reloj de este sábado de febrero.
Llega la hora de dormir.
Y el sueño, el tan misterioso sueño...
Quizá el humo del té sea yo
Y viajaré en mi sueño, como lo harás vos
que ahora estás leyendo.
Las nubes cruzan lentas,
viajan por el azul de la madrugada.
La luna, en su auge, luce esbelta;
su luz me baña.
La leve brisa,
el canto de los grillos,
me acompañan.
¿Cuántos estarán viendo y sintiendo lo mismo?
¿Cuántos a lo largo de la historia?
Los primeros lo reviviremos en otra ocasión y en la memoria;
los otros (como a nosotros en algún tiempo)
ya se los llevó el olvido.
Al pronunciar una línea de Shakespeare, todos somos Shakespeare, dijo Borges.
Yo, al ver la luna, al enamorarme, al sentirme un desdichado,
al oler una rosa o sentir la brisa matutina de otoño,
soy todas las personas que en ese instante,
o en el pasado o en el futuro,
experimenten esas sensaciones.
Una persona es todas las personas.
Las nubes encapotaron el cielo.
La tormenta de a poco se acerca.
El humo del té sube y parece querer encarnarse con ella
y viajar lejos;
ser soplado por los vientos;
flotar por los verdes campos;
ser pintado por el ocaso o el alba, o por la luna;
observar todas las noches las estrellas.
El sueño se adueña de mí.
2:30 marca el reloj de este sábado de febrero.
Llega la hora de dormir.
Y el sueño, el tan misterioso sueño...
Quizá el humo del té sea yo
Y viajaré en mi sueño, como lo harás vos
que ahora estás leyendo.