Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Para conseguir la mirada piadosa de
aquellos recuerdos que murmuran
inexactos.
Que unidos a la miopía del corazón
amortizado.
Hallan agenda en los pecados de la
torpe memoria.
Y en poderosas rocas menean hacia
cúspides nevadas.
Y se escabullen en la soledad dormida
en tu regazo:
Tan solo para narrar esta historia tan
infantil, tan nimia
que fue creciendo con sol y con frío
y logró demoler
los profusos destellos de la niebla y
de los majestuosos cóndores en las
altas cumbres,
que pueblan mi memoria de Dioses
y de Demonios,
debatiéndose toda una jornada
resumida
en una vida de saltos y aprensiones
que no sirven para nada si alguien
no responde.
O si han enmudecido y yacen inhóspitos:
secándose en la magra
cordura de los exiliados, atada al galope
sin final,
atadas a las venganzas que se han perdonado
sin haberse perdonado.
Que se han deslumbrado con los precarios
roces de muñecas: estremecidas y atormentadas
si pausa.
Que al atravesar el umbral se desploman
sordamente.
Hundidas en el lodo que vuelve acariciarlas
con diversas sensaciones,
menos ingratas y enquistadas en sinsabores,
unidas al rumor que atraviesa la ventana
y se une a la soledad que mata al dormir en
tu regazo...
aquellos recuerdos que murmuran
inexactos.
Que unidos a la miopía del corazón
amortizado.
Hallan agenda en los pecados de la
torpe memoria.
Y en poderosas rocas menean hacia
cúspides nevadas.
Y se escabullen en la soledad dormida
en tu regazo:
Tan solo para narrar esta historia tan
infantil, tan nimia
que fue creciendo con sol y con frío
y logró demoler
los profusos destellos de la niebla y
de los majestuosos cóndores en las
altas cumbres,
que pueblan mi memoria de Dioses
y de Demonios,
debatiéndose toda una jornada
resumida
en una vida de saltos y aprensiones
que no sirven para nada si alguien
no responde.
O si han enmudecido y yacen inhóspitos:
secándose en la magra
cordura de los exiliados, atada al galope
sin final,
atadas a las venganzas que se han perdonado
sin haberse perdonado.
Que se han deslumbrado con los precarios
roces de muñecas: estremecidas y atormentadas
si pausa.
Que al atravesar el umbral se desploman
sordamente.
Hundidas en el lodo que vuelve acariciarlas
con diversas sensaciones,
menos ingratas y enquistadas en sinsabores,
unidas al rumor que atraviesa la ventana
y se une a la soledad que mata al dormir en
tu regazo...