El ruido, los gritos, las quejas me despertaron. Había comenzado esta batalla, en donde creí soñar ese color de puro carmesí que mis ojos pintaron en el horizonte de mi pueblo. El viento llevaba palabras sin valor, ideas de cosas que no expresaban nada.
Mi voluntad, mi aliento se desvanecían en mi pensamiento y desgastados eran los rostros de aquellos hombres que con plomo en sus manos corrían hacia calles sin salidas esquivando el furor de un enemigo con ideas sin un mínimo sentido. No entendía, quería despertar de estas terribles horas que me acechaban.
El humo de los cañones enemigos, que solo disparaban dolor, deformaba la silueta de un funeral que había adelantado el tiempo, en donde todos éramos protagonistas y testigos de este cruel destino.
Recuerdos que languidecen mi sentido y que no llevan a ninguna realidad, pero aún escucho en mi mente las trompetas que tristes remendaban aires de furia intensa de gente que luchó o intentó luchar un ideal.
Ailin Rutchle.
Mi voluntad, mi aliento se desvanecían en mi pensamiento y desgastados eran los rostros de aquellos hombres que con plomo en sus manos corrían hacia calles sin salidas esquivando el furor de un enemigo con ideas sin un mínimo sentido. No entendía, quería despertar de estas terribles horas que me acechaban.
El humo de los cañones enemigos, que solo disparaban dolor, deformaba la silueta de un funeral que había adelantado el tiempo, en donde todos éramos protagonistas y testigos de este cruel destino.
Recuerdos que languidecen mi sentido y que no llevan a ninguna realidad, pero aún escucho en mi mente las trompetas que tristes remendaban aires de furia intensa de gente que luchó o intentó luchar un ideal.
Ailin Rutchle.