Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
RECICLADORES
Con la piel curtida las calles sangran.
El sudor es otro depósito donde el mediodía clasifica sus despojos.
Amontonar metales es la costumbre de los recios,
indemnes coteros del cartón, el papel y el plástico.
El mundo no alcanza para recolectar el desperdicio humano,
aquello que hoy es abundancia, vanidad, oropel entero,
mañana será a duras penas un trozo nimio de fealdad olorosa.
Nadie ha visto un harapo recolectando otros ripios,
ese rito de trepar uno sobre otro viejos costales.
La indiferencia coagula los muladares
donde necios hombres perseveran en su búsqueda insaciable.
¿Qué hay en los basurales que aún sirva?
¿Qué puede allí alimentar generaciones, muchedumbres,
cuando la pestilencia revienta los ingenios
y va guardando en sucios sacos
quebradas lozas, muñecos pálidos, hilachas,
a cambio de una moneda infausta?
Desechables del alma – eso les dicen
a aquellos que compran gratis la nada
y con nada permutan lo indeseable.
La noche como el día su usufructo gasta,
los afanes y vaivenes con que la vida troquela
su gran humor sanguinolento.
Trabajar inútil – dirán muchos
ganancia exigua.
Recompensa pírrica después del combate,
heredades que dejaron esparcidas los acaparadores
en su feroz huida hacia el desecho.
Con la piel curtida las calles sangran.
El sudor es otro depósito donde el mediodía clasifica sus despojos.
Amontonar metales es la costumbre de los recios,
indemnes coteros del cartón, el papel y el plástico.
El mundo no alcanza para recolectar el desperdicio humano,
aquello que hoy es abundancia, vanidad, oropel entero,
mañana será a duras penas un trozo nimio de fealdad olorosa.
Nadie ha visto un harapo recolectando otros ripios,
ese rito de trepar uno sobre otro viejos costales.
La indiferencia coagula los muladares
donde necios hombres perseveran en su búsqueda insaciable.
¿Qué hay en los basurales que aún sirva?
¿Qué puede allí alimentar generaciones, muchedumbres,
cuando la pestilencia revienta los ingenios
y va guardando en sucios sacos
quebradas lozas, muñecos pálidos, hilachas,
a cambio de una moneda infausta?
Desechables del alma – eso les dicen
a aquellos que compran gratis la nada
y con nada permutan lo indeseable.
La noche como el día su usufructo gasta,
los afanes y vaivenes con que la vida troquela
su gran humor sanguinolento.
Trabajar inútil – dirán muchos
ganancia exigua.
Recompensa pírrica después del combate,
heredades que dejaron esparcidas los acaparadores
en su feroz huida hacia el desecho.
Última edición: