Receta
He calado para el cena pocas frutas desgarradas.
Nada, ni el reflejo relampagueante ha, en las copas servidas, a través de su transparencia sospechosa, iluminado la estancia donde, oscuro, proyecto. He manipulado, sin hambre, trozos de carne, uvas humedecidas, el arroz de los albos orientales, la astucia de un limón.
Oculta, he traído, desde la noche, una capa que me incomoda; pero sin la cual lo frito sabe a rancia maleza, a épica subterránea, a irrealidad.
La mesa es ahora un palacio que acoge intrusos, hasta la mañana próxima.