IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
No se le entiende,
al final, entre días,
nuestro final son noches,
noches últimas y personales,
tan profundas
que iluminan en su último intento,
anhelando que su brillo sea eterno,
sueño o desvelo,
fluimos ensimismados,
no consigas lo que aprecia tu vacío,
más apagado estarás,
por tu silencio que te habrá abandonado,
así mismo tu cuerpo aguanta,
lo que la mente no asimila,
pero él, en su suerte,
también es frágil y mortal,
así mismo
no es alma la mente,
no es poder emergente,
es temporal consciencia,
somos cadáver sin corazón,
y aunque la cima se alcance,
la muerte cobrará su parte,
matándonos de a poco,
consumiendo los sueños,
viviendo en su oscura esquina,
esperando el derrumbe, nuestro cuerpo,
entre tanta enarbolada utopía,
elaborados los sueños,
aún así
no se dibuja la rima,
la vida si se observa se pierde,
y cada piedra si se mueve, es con maña,
aún los claveles demuestran amor,
aún los lirios, bendecidos,
inundan de blanda blancura
la aspereza de la tierra,
no se descubre este misterio,
como cuaderno del tiempo,
como hueso de dios,
no se comprueba la fe,
tal como el alma
no se condice con los infiernos,
tal como el cielo se vive
más en sueños que en sentida realidad,
pero mi voluntad se comparte,
cuando me logro escuchar,
no se perfora mi corazón,
entre vientos que endurecen,
la muerte me besará contenta,
eternamente,
entre soles y luna,
entre mañanas y noche última,
como tarde se desangra el cielo,
aguardando por su libre besar,
por su libertad aún encadenada,
por el fluir de toda condena,
que busca su laguna,
su razón de ensueño,
es pasión por soñar.
al final, entre días,
nuestro final son noches,
noches últimas y personales,
tan profundas
que iluminan en su último intento,
anhelando que su brillo sea eterno,
sueño o desvelo,
fluimos ensimismados,
no consigas lo que aprecia tu vacío,
más apagado estarás,
por tu silencio que te habrá abandonado,
así mismo tu cuerpo aguanta,
lo que la mente no asimila,
pero él, en su suerte,
también es frágil y mortal,
así mismo
no es alma la mente,
no es poder emergente,
es temporal consciencia,
somos cadáver sin corazón,
y aunque la cima se alcance,
la muerte cobrará su parte,
matándonos de a poco,
consumiendo los sueños,
viviendo en su oscura esquina,
esperando el derrumbe, nuestro cuerpo,
entre tanta enarbolada utopía,
elaborados los sueños,
aún así
no se dibuja la rima,
la vida si se observa se pierde,
y cada piedra si se mueve, es con maña,
aún los claveles demuestran amor,
aún los lirios, bendecidos,
inundan de blanda blancura
la aspereza de la tierra,
no se descubre este misterio,
como cuaderno del tiempo,
como hueso de dios,
no se comprueba la fe,
tal como el alma
no se condice con los infiernos,
tal como el cielo se vive
más en sueños que en sentida realidad,
pero mi voluntad se comparte,
cuando me logro escuchar,
no se perfora mi corazón,
entre vientos que endurecen,
la muerte me besará contenta,
eternamente,
entre soles y luna,
entre mañanas y noche última,
como tarde se desangra el cielo,
aguardando por su libre besar,
por su libertad aún encadenada,
por el fluir de toda condena,
que busca su laguna,
su razón de ensueño,
es pasión por soñar.
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