un_fuego
Poeta recién llegado
El insomnio nuevamente se obstina en ser mi compañero y aliado,
los primeros minutos de un nuevo día no parecen traer,
si no, más de lo mismo.
Mi nombre es Darío Barbona, tengo treinta y seis años,
podría decirse que pese a todo, bien llevados.
No tengo más estudios que los primarios y no por falta de voluntad pero,
cuando se tienen nueve hermanos y uno solo trabajaba,
las prioridades, por lo menos en mi caso, eran otras;
Me hubiera gustado ser abogado pero de eso hablare en otra oportunidad.
Como decía,
no tengo formación académica pero creo que Dios me ha dotado y puedo,
gracias a el, jugar con letras,
entrar y salir de mi mente, contar historias,
plasmar lo que mi corazón siente en un poema; es,
digamos, mi vocación desde que hago uso de mi capacidad de razonar.;
Ello me ayudo a crecer, a relacionarme,
a viajar por dentro y fuera de mi mismo y
ahora a fertilizarme en una enredadera de poemas en torno
a una mujer que no conozco;
de hecho soy feliz viendo como la hoja va
perdiendo su caprichoso e inmaculado blanco.
Cuando era niño, soñaba con ser abogado pero también escritor.
Sentía que mis fantasías iban a integrarse con la de mis lectores y
que juntos tomarían otro camino;
no el que conocía de zapatillas de gomas en verano,
cascarilla al desayuno o ayunos de TV,
habrían de llevarnos a un lugar mejor,
con los seres que amamos.
Crecí; me encontré cierta noche con una pregunta,
recién,
como un tropel había pasado mi primera experiencia sexual,
esa pregunta me siguió hasta estos
días y sin embargo tuvo más de una respuesta.
¿Todo debe pasar?
Cuando mi vida era mañana me había convencido
de que el tiempo de los hombres estaba regido por la fatalidad
y así estaba todo bien, sin que necesariamente lo estuviera.
Quería escribir, creía que podía hacerlo y de hecho lo hacia.
Transcurriendo el hoy de mi vida escribo mas asiduamente,
hace un tiempo exploto frente a mi la mirada mas salvaje,
incendiaria, y profunda que jamás allá visto, la mas dulce de todas;
esa mujer había entrado en mi vida y sin consultarme.
Hoy, no puedo vivir sin ella, no puedo vivir con ella
No puedo introducirme sigiloso por sus ojos y llegar a su corazón,
no se como hacerlo.
Solo se que la soledad de esta ¿noche, madrugada?
Lacera mi corazón y espero ala alegría de encontrarla de nuevo.
Yo, el peor de todos
los primeros minutos de un nuevo día no parecen traer,
si no, más de lo mismo.
Mi nombre es Darío Barbona, tengo treinta y seis años,
podría decirse que pese a todo, bien llevados.
No tengo más estudios que los primarios y no por falta de voluntad pero,
cuando se tienen nueve hermanos y uno solo trabajaba,
las prioridades, por lo menos en mi caso, eran otras;
Me hubiera gustado ser abogado pero de eso hablare en otra oportunidad.
Como decía,
no tengo formación académica pero creo que Dios me ha dotado y puedo,
gracias a el, jugar con letras,
entrar y salir de mi mente, contar historias,
plasmar lo que mi corazón siente en un poema; es,
digamos, mi vocación desde que hago uso de mi capacidad de razonar.;
Ello me ayudo a crecer, a relacionarme,
a viajar por dentro y fuera de mi mismo y
ahora a fertilizarme en una enredadera de poemas en torno
a una mujer que no conozco;
de hecho soy feliz viendo como la hoja va
perdiendo su caprichoso e inmaculado blanco.
Cuando era niño, soñaba con ser abogado pero también escritor.
Sentía que mis fantasías iban a integrarse con la de mis lectores y
que juntos tomarían otro camino;
no el que conocía de zapatillas de gomas en verano,
cascarilla al desayuno o ayunos de TV,
habrían de llevarnos a un lugar mejor,
con los seres que amamos.
Crecí; me encontré cierta noche con una pregunta,
recién,
como un tropel había pasado mi primera experiencia sexual,
esa pregunta me siguió hasta estos
días y sin embargo tuvo más de una respuesta.
¿Todo debe pasar?
Cuando mi vida era mañana me había convencido
de que el tiempo de los hombres estaba regido por la fatalidad
y así estaba todo bien, sin que necesariamente lo estuviera.
Quería escribir, creía que podía hacerlo y de hecho lo hacia.
Transcurriendo el hoy de mi vida escribo mas asiduamente,
hace un tiempo exploto frente a mi la mirada mas salvaje,
incendiaria, y profunda que jamás allá visto, la mas dulce de todas;
esa mujer había entrado en mi vida y sin consultarme.
Hoy, no puedo vivir sin ella, no puedo vivir con ella
No puedo introducirme sigiloso por sus ojos y llegar a su corazón,
no se como hacerlo.
Solo se que la soledad de esta ¿noche, madrugada?
Lacera mi corazón y espero ala alegría de encontrarla de nuevo.
Yo, el peor de todos