RAMALAZOS DE INCONSCIENCIA (2)
(Exaltación subconsciente de los despertares bruscos.)
Calles burladas por los zigzags de un cocodrilo borracho
que escapó de la caricias de una vieja prostituta
celosa de su dignidad otorgada por los años
inabarcable en sus dimensiones atroces de triangulo escaleno
cuyos horizontes desiertos son refugio de escorpiones.
Oscras nubes de estorninos armados con alabardas
vigilan las torres de Jericó
para impedir su bíblico abatimiento
mientras los ojos devenidos en fuentes
manan sangre alegremente
Renacen ahora aquellas matemáticas desquiciadas
cuyos falsos teoremas declamaban los más puros versos
y alumbraban las palabras epicenas.
Trasegados desde los más bellos acordes
los violines se transmutaron en lujosos paquebotes
a los que las damas con sombreros de petunias
alfombraban con las colas de sus vestidos
El aplauso entusiasmado de los viejos automóviles
hizo rodar las cabezar de lo reyes que ahora son estatuas
Desde el vecino parque las bandadas de palomas
alzaron repentinamente el vuelo
espantando a los absortos elefantes
Los ancianos refugiados bajo sus gorras escocesas
esparcieron las últimas migajas de pan
junto al rinoceronte dormido
y volvieron a sus empleos de taxidermistas.
Los eucaliptos blandieron sus hojas como gumías
y se dedicaron a asesinar al ocaso.
(Exaltación subconsciente de los despertares bruscos.)
Calles burladas por los zigzags de un cocodrilo borracho
que escapó de la caricias de una vieja prostituta
celosa de su dignidad otorgada por los años
inabarcable en sus dimensiones atroces de triangulo escaleno
cuyos horizontes desiertos son refugio de escorpiones.
Oscras nubes de estorninos armados con alabardas
vigilan las torres de Jericó
para impedir su bíblico abatimiento
mientras los ojos devenidos en fuentes
manan sangre alegremente
Renacen ahora aquellas matemáticas desquiciadas
cuyos falsos teoremas declamaban los más puros versos
y alumbraban las palabras epicenas.
Trasegados desde los más bellos acordes
los violines se transmutaron en lujosos paquebotes
a los que las damas con sombreros de petunias
alfombraban con las colas de sus vestidos
El aplauso entusiasmado de los viejos automóviles
hizo rodar las cabezar de lo reyes que ahora son estatuas
Desde el vecino parque las bandadas de palomas
alzaron repentinamente el vuelo
espantando a los absortos elefantes
Los ancianos refugiados bajo sus gorras escocesas
esparcieron las últimas migajas de pan
junto al rinoceronte dormido
y volvieron a sus empleos de taxidermistas.
Los eucaliptos blandieron sus hojas como gumías
y se dedicaron a asesinar al ocaso.
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