Iván Lacayo
Poeta recién llegado
QUIERO REGRESAR
Jugamos emocionados
en nuestros barrios queridos,
dejamos el pellejo en esas calles
siempre que corríamos y caíamos,
los codos chimados, pero felices.
En estos barrios muy temprano
desfilan en orden por la mañana,
con gritos fuertes, unos que asustan
otros que encantan,
como sea, salís corriendo a comprarles
muy temprano por la mañana.
Pasan:
cosas de horno y perrereque ,
leche agria con tortilla,
por la tarde te salís a la puerta,
y desde un carretón
con un balde rebosante de atol caliente,
una señora, siempre con un niño grita aaaattttoooollllll
a quién tiene más galillo.
Si es sábado
no puede faltar,
que pasen los nacatamales
o irlos a comprar,
saben mejor con bollos de pan
y un buen café caliente,
o de palo como le dice la gente.
Esos barrios que extraño,
salís a la puerta con sillas,
desde la acera, te informas de todo lo que pasa,
Haaaa y escoges, se me olvidaba
elotes o güirilas
con crema y cuajada,
sin faltar unas tajadas
moronga, vigoron o chingaste con
un cacao o una linaza refrescante.
Extraño esos lugares
de paz precoz y silenciosa,
la única bulla son gritos de tranquilidad,
murmullos de jóvenes y señoras
que en las calles comparten
las alegrías de vivir en mi barrio querido.
Pero no he terminado,
acuérdate de las melcochas y elotes,
de las rosquillas, buñuelos y la leche,
corren por las avenidas
acompañados de una sonrisa triste de alegría.
Ni en las noches se nos puede escapar,
a esa hora sale la gente
en la búsqueda de fritangas,
llevan gallopinto o enchiladas
otros tacos o carne asada,
y para cerrar las alegres noches de verbena
exclama el enano y la gigantona:
“Que sabor el nuestro, Urra, nuestros barrios!
Manos benditas de gente alegre y trabajadora.
Jugamos emocionados
en nuestros barrios queridos,
dejamos el pellejo en esas calles
siempre que corríamos y caíamos,
los codos chimados, pero felices.
En estos barrios muy temprano
desfilan en orden por la mañana,
con gritos fuertes, unos que asustan
otros que encantan,
como sea, salís corriendo a comprarles
muy temprano por la mañana.
Pasan:
cosas de horno y perrereque ,
leche agria con tortilla,
por la tarde te salís a la puerta,
y desde un carretón
con un balde rebosante de atol caliente,
una señora, siempre con un niño grita aaaattttoooollllll
a quién tiene más galillo.
Si es sábado
no puede faltar,
que pasen los nacatamales
o irlos a comprar,
saben mejor con bollos de pan
y un buen café caliente,
o de palo como le dice la gente.
Esos barrios que extraño,
salís a la puerta con sillas,
desde la acera, te informas de todo lo que pasa,
Haaaa y escoges, se me olvidaba
elotes o güirilas
con crema y cuajada,
sin faltar unas tajadas
moronga, vigoron o chingaste con
un cacao o una linaza refrescante.
Extraño esos lugares
de paz precoz y silenciosa,
la única bulla son gritos de tranquilidad,
murmullos de jóvenes y señoras
que en las calles comparten
las alegrías de vivir en mi barrio querido.
Pero no he terminado,
acuérdate de las melcochas y elotes,
de las rosquillas, buñuelos y la leche,
corren por las avenidas
acompañados de una sonrisa triste de alegría.
Ni en las noches se nos puede escapar,
a esa hora sale la gente
en la búsqueda de fritangas,
llevan gallopinto o enchiladas
otros tacos o carne asada,
y para cerrar las alegres noches de verbena
exclama el enano y la gigantona:
“Que sabor el nuestro, Urra, nuestros barrios!
Manos benditas de gente alegre y trabajadora.