Jcmch
Poeta veterano en el portal.
Inspirado en la obra de Edgar Allan Poe
Una rosa en el camino, marchita y lóbrega
cae en su vaso de agua verde y se pudre
entre los descollados horizontes del tiempo.
Cuando cae en mis lechos la ignominia
Cuando el sol mutila las almas inflamables de orgullo.
¡Quiebren Campanas!
Al sonido gutural de las gotas de otoño
Que un mustio viaje de miseria osa esperar.
Enloquecido por los impacientes sonidos
la muerte infectara mis miembros
y rociará de horror a mis parientes.
¡Quiebre campanas!
El suelo enrarecido de invierno trazara el camino
y las huellas doradas del carruaje desaparecerán.
La luz muerta de la luna blanqueará los cantos catedrales.
¡Luna de horror! ¡Senderos de espantos!
Un lecho infiltrado de sangre infecto de víboras.
¡Quiebren campanas!
Que mis gritos de horror y dolor sean cubiertos de su lamento.
Las aves negras que la sombra de la noche acunan
se pierden en el valle rocoso y solitario.
Mi mirada lenta se clava en un deseo profundo de final.
La muerte al fin acaba por asfixiarme.
¡Las campanas doblan! ¡Gritan! ¡Explotan!
Y de pronto, un sonido ensordecedor invade
el tranquilo y sombrío poblado.
Un temblor profundo sacude los cimientos de la catedral.
Y allí yacen las campanas
Quebradas en pedazos, sobre el suelo del campanario.
Y mi cuerpo, helado y mustio. Sin vida.
Ahogado en la muerte de donde no volveré ¡Nunca jamás!
Una rosa en el camino, marchita y lóbrega
cae en su vaso de agua verde y se pudre
entre los descollados horizontes del tiempo.
Cuando cae en mis lechos la ignominia
Cuando el sol mutila las almas inflamables de orgullo.
¡Quiebren Campanas!
Al sonido gutural de las gotas de otoño
Que un mustio viaje de miseria osa esperar.
Enloquecido por los impacientes sonidos
la muerte infectara mis miembros
y rociará de horror a mis parientes.
¡Quiebre campanas!
El suelo enrarecido de invierno trazara el camino
y las huellas doradas del carruaje desaparecerán.
La luz muerta de la luna blanqueará los cantos catedrales.
¡Luna de horror! ¡Senderos de espantos!
Un lecho infiltrado de sangre infecto de víboras.
¡Quiebren campanas!
Que mis gritos de horror y dolor sean cubiertos de su lamento.
Las aves negras que la sombra de la noche acunan
se pierden en el valle rocoso y solitario.
Mi mirada lenta se clava en un deseo profundo de final.
La muerte al fin acaba por asfixiarme.
¡Las campanas doblan! ¡Gritan! ¡Explotan!
Y de pronto, un sonido ensordecedor invade
el tranquilo y sombrío poblado.
Un temblor profundo sacude los cimientos de la catedral.
Y allí yacen las campanas
Quebradas en pedazos, sobre el suelo del campanario.
Y mi cuerpo, helado y mustio. Sin vida.
Ahogado en la muerte de donde no volveré ¡Nunca jamás!