La robusta iconoclastia de los héroes
trenza nuevos panteones con el amor abolido.
Como los vuelos fractales de las aves
ritmo y dolor sobre un fondo de vinilo,
acuciantes los espasmos, amamantados los vidrios
que antes fueron caleidoscopios callados.
Allí, en el oropel de aquel cuarto parisién
vívida la carne y amortecida la tarde
sólo susurros y el apagado sonido del fru-frú.
Atmósfera como hálito o latido evanescente
qué-más-da: siempre queda el blando rodar
de tus pechos sobre mis sueños de poeta.
Lunas como granadas sangrantes,
leve tu cintura como un arco carpanel de cinco puntos,
¡oh la pura geometría de aquella juventud que fuiste!
Ahora solo queda el cinismo y un otoño verdinegro,
un pobre hombre relapso de aquellos claros amores.
Oh París, visto desde el fondo del canal de Saint Martin,
ese lecho frondoso cuajado de aficionados suicidas, como yo.
Hoy, en esta noche sin luna, me acarician los ruidos de las gabarras
como ayer, hace apenas un cuarto de eternidad,
me acariciaban tus diez ídolos aún vírgenes
desde el panteón ebúrneo de tus manos.
Carpe diem, muchachito; ya no habrá más primaveras.
Ilust.: Max Bucaille
trenza nuevos panteones con el amor abolido.
Como los vuelos fractales de las aves
ritmo y dolor sobre un fondo de vinilo,
acuciantes los espasmos, amamantados los vidrios
que antes fueron caleidoscopios callados.
Allí, en el oropel de aquel cuarto parisién
vívida la carne y amortecida la tarde
sólo susurros y el apagado sonido del fru-frú.
Atmósfera como hálito o latido evanescente
qué-más-da: siempre queda el blando rodar
de tus pechos sobre mis sueños de poeta.
Lunas como granadas sangrantes,
leve tu cintura como un arco carpanel de cinco puntos,
¡oh la pura geometría de aquella juventud que fuiste!
Ahora solo queda el cinismo y un otoño verdinegro,
un pobre hombre relapso de aquellos claros amores.
Oh París, visto desde el fondo del canal de Saint Martin,
ese lecho frondoso cuajado de aficionados suicidas, como yo.
Hoy, en esta noche sin luna, me acarician los ruidos de las gabarras
como ayer, hace apenas un cuarto de eternidad,
me acariciaban tus diez ídolos aún vírgenes
desde el panteón ebúrneo de tus manos.
Carpe diem, muchachito; ya no habrá más primaveras.
Ilust.: Max Bucaille