Ricky84
Poeta recién llegado
Todo era tan volátil, tan voluble, tan del momento, tan vívido, tan nicotínico, tan etílico, tan de vernos cada viernes, sin llamarnos, solo aparecer y decir ¡hola!, sin besos de por medio; y preguntar: ¿águila o póker? ¿Héroes o Caifanes?
Todo era tan así, de sentarnos en cualquier rincón, de despelucarnos, de cantar porque sí, de mirarnos de reojo, como queriendo querer; de cigarros que iban y venían; de polas que llegaban para resbalarse rápido, muy rápido, dando paso a otra y otra y otra más; de contarnos apenas lo suficiente, cero nombres, sin apellidos… ¿dónde vives?- en mi cabeza respondía yo; ¿y vos?-en Neverland, ¡qué locura!, y una sonrisa, o dos, o tres, al ritmo de una canción, loca, rota, sugerente… ¿de Soda o de Rata Blanca? ¿De Pink Floyd o de AC/DC?, de lo que fuera, pero siempre endiablada, metálica, puro rock quebrándonos el alma, la garganta y un par de baldosas.
Todo era “tan” entre nosotros, tan profundo en medio de tanta superficialidad; tan oculto que rayaba en lo evidente; tan de ladito que fue calándose en el centro de cada quien, tejiendo una maraña de no sé qué cosas, las mismas que nos empujaban a ir al bar cada viernes sin falta.
Todo fue tan casual, tan causal si me lo permites, que justo hoy, luego de muchos años, de muchos good byes que ya he olvidado, de un matrimonio al que no me invitaste, sigo viéndote ondeando de grises y azules del otro lado del bar, sonriendo de fondo entre las botellas, mientras te acercas entre acordes invitándome a volar hacia aquella nube que fuera tan tuya, tan mía, tan nuestra… y quedarnos a contemplar lo eterno hasta las tres de la madrugada.
Todo era tan así, de sentarnos en cualquier rincón, de despelucarnos, de cantar porque sí, de mirarnos de reojo, como queriendo querer; de cigarros que iban y venían; de polas que llegaban para resbalarse rápido, muy rápido, dando paso a otra y otra y otra más; de contarnos apenas lo suficiente, cero nombres, sin apellidos… ¿dónde vives?- en mi cabeza respondía yo; ¿y vos?-en Neverland, ¡qué locura!, y una sonrisa, o dos, o tres, al ritmo de una canción, loca, rota, sugerente… ¿de Soda o de Rata Blanca? ¿De Pink Floyd o de AC/DC?, de lo que fuera, pero siempre endiablada, metálica, puro rock quebrándonos el alma, la garganta y un par de baldosas.
Todo era “tan” entre nosotros, tan profundo en medio de tanta superficialidad; tan oculto que rayaba en lo evidente; tan de ladito que fue calándose en el centro de cada quien, tejiendo una maraña de no sé qué cosas, las mismas que nos empujaban a ir al bar cada viernes sin falta.
Todo fue tan casual, tan causal si me lo permites, que justo hoy, luego de muchos años, de muchos good byes que ya he olvidado, de un matrimonio al que no me invitaste, sigo viéndote ondeando de grises y azules del otro lado del bar, sonriendo de fondo entre las botellas, mientras te acercas entre acordes invitándome a volar hacia aquella nube que fuera tan tuya, tan mía, tan nuestra… y quedarnos a contemplar lo eterno hasta las tres de la madrugada.