Calimero
Poeta recién llegado
Hoy la soledad averigua
el prodigio de los amantes
tejiendo un manto de luz
sobre la sombra del tiempo.
Hemos llegado
con nuestras manos cansadas a desmantelar estrellas
y no hemos tenido posibilidad alguna
por los años transcurridos
que implacables olvidan.
Acicalados en la espera, una tarde de domingo
subíamos por urbanizaciones circundando sotos.
Tenía yo entonces una leve sonrisa dibujada.
Seguro tenías tú el rubor de mis mejillas
guardado en la cazadora.
Mujer de mi juventud, viniste al bosque;
tuviste la gracia de ser mía sobre las hojas,
mientras aprendían a llorar la luciérnagas
cayendo por tus muslos.
el prodigio de los amantes
tejiendo un manto de luz
sobre la sombra del tiempo.
Hemos llegado
con nuestras manos cansadas a desmantelar estrellas
y no hemos tenido posibilidad alguna
por los años transcurridos
que implacables olvidan.
Acicalados en la espera, una tarde de domingo
subíamos por urbanizaciones circundando sotos.
Tenía yo entonces una leve sonrisa dibujada.
Seguro tenías tú el rubor de mis mejillas
guardado en la cazadora.
Mujer de mi juventud, viniste al bosque;
tuviste la gracia de ser mía sobre las hojas,
mientras aprendían a llorar la luciérnagas
cayendo por tus muslos.