Y es un sordo silbido
en la penumbra trasnochada,
el corrosivo aliento de cenizas,
que rompe mi garganta de preguntas.
En la playa desierta
emergen los naufragios.
Las voces de los vientos
son todo lo que queda.
A esta hora
la madrugada ruge,
las olas se devoran la costa
y embisten con furia la barranca.
En lo alto la espera es un presagio.
En el libro que dejo,
los versos se derraman en el piso,
y huyen presurosos de los labios.
Con pereza la noche
atrasa las agujas de los días,
y el tiempo es una herida prematura.
en la penumbra trasnochada,
el corrosivo aliento de cenizas,
que rompe mi garganta de preguntas.
En la playa desierta
emergen los naufragios.
Las voces de los vientos
son todo lo que queda.
A esta hora
la madrugada ruge,
las olas se devoran la costa
y embisten con furia la barranca.
En lo alto la espera es un presagio.
En el libro que dejo,
los versos se derraman en el piso,
y huyen presurosos de los labios.
Con pereza la noche
atrasa las agujas de los días,
y el tiempo es una herida prematura.
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