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Postergación injustificada

HORACIO TOWERS

Poeta recién llegado
Hay días en los que los argumentos devenidos de la pesadumbre
ya no se relegan a la no existencia optimista
de la auto-ayuda sugerida en bibliotecas
con descuentos de hasta un cincuenta por ciento.
Entonces el multiforme pensamiento me dicta que ya no se puede contar con nadie.
Y cuando digo que con nadie, es con nadie.
Uno mismo se vuelve victima de una misantropía febril.
Sin embargo hay un hecho irrefutable en todo este asunto:
todo el mundo cuenta…
Los días, fracasos, billetes, victorias degenerativas de la mentira, cartas, heridas, estrellas empañadas, páginas quemadas, lagrimas sin secar.
Y amores frustrados.

¿A quién contarle las congojas si no hay nadie con quien contar?
Y entonces aparece la mas poética de las soluciones:
siempre cabe la posibilidad de…
Pero, ¿Qué hacer si la cuerda se corta?
Quizás prolongando los sueños a la manera de Pavese.
¿Hemingway limpiaba descuidadamente la escopeta que escupió su rostro?
Los acantilados evocan la melancolía de puestas de sol
y mar embravecido rugiendo un nombre sin obtener respuesta;
epopeya sin catalogo ni nota introductoria.

Algunas receta dictan que el secreto esta en los clavos de olor
pero necesitaríamos asegurarnos que los clavos huelan realmente a sangre,
y analizándolo debida-mente, crucificarse es poco,
inútil, los nudos de la madera que conforman mi cruz tienen prodigiosa e irremediablemente la forma de tu rostro
y de las espinas de mi corona florecieron rosas ensangrentadas
y la sangre fue succionada por tus labios;
la génesis de aquel escarlata que me hizo saludar a la locura
(pasó rauda llevando un collar de navajas y un elegante sombrero
coronado con un sol agonizante que quemaba con miradas lascivas
antes de su definitiva extinción).

Pero las crónicas no perdonan
y dan cuenta de que el refugio de la carne es frágil
y las manos se me entumecen y los labios ahora carecen del sabor a sangre.
Las quiméricas caricias ya no suavizan la rugosidad de mis hemisferios
recluidos en la celda fundada en la incertidumbre,
y ahora son el compás de otra nimia sinfonía.
No obstante siempre cabe la posibilidad de…
La descarga definitiva se aplaza por razones de peso -aunque quizás etéreas-
que no aclararé en estas inocuas líneas.
 
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