Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
La rueda más gigante del engranaje enhiesto
-Y que alcanza una altura muy lejos de su especie.-,
el eje de los cálculos, las preguntas que todos nos hacemos.
En eso solamente nos hemos convertido,
en manada,
en comuna,
por unanimidad.
En eso solamente nos hemos convertido.
En las respuestas frágiles que se con simplicidad se deshilachan,
la solución a otros interrogantes.
Y mientras intentamos -Esto puede durar lustros, vidas, dioses, y eternidades.-,
encontrar la pregunta, el planteamiento suele invadirnos,
y nos arrebata la lógica, y quedamos intactos de todo lo demás,
un manojo de dudas sin ninguna osadía,
un manojo de dudas todas solas,
dudas que se disparan con atino,
somos blanco ideal,
por nuestros ideales, solo eso.
El hombre es racional por excelencia, y la lógica es su único consuelo.
Por ello se podría decir que el hombre vive para perderlo todo.
Para perderse.
La certeza de algo que no se puede percibir,
o la supervivencia, o nuestra evolución,
nunca han hecho del mundo, que se sepa, un lugar
mejor.
Nadie imagina un mundo diferente.
Esperemos que este no nos obligue más a vaciarnos,
a morir en la histeria, apestando a los locos,
las únicas estirpes que nos quedan.
-Y que alcanza una altura muy lejos de su especie.-,
el eje de los cálculos, las preguntas que todos nos hacemos.
En eso solamente nos hemos convertido,
en manada,
en comuna,
por unanimidad.
En eso solamente nos hemos convertido.
En las respuestas frágiles que se con simplicidad se deshilachan,
la solución a otros interrogantes.
Y mientras intentamos -Esto puede durar lustros, vidas, dioses, y eternidades.-,
encontrar la pregunta, el planteamiento suele invadirnos,
y nos arrebata la lógica, y quedamos intactos de todo lo demás,
un manojo de dudas sin ninguna osadía,
un manojo de dudas todas solas,
dudas que se disparan con atino,
somos blanco ideal,
por nuestros ideales, solo eso.
El hombre es racional por excelencia, y la lógica es su único consuelo.
Por ello se podría decir que el hombre vive para perderlo todo.
Para perderse.
La certeza de algo que no se puede percibir,
o la supervivencia, o nuestra evolución,
nunca han hecho del mundo, que se sepa, un lugar
mejor.
Nadie imagina un mundo diferente.
Esperemos que este no nos obligue más a vaciarnos,
a morir en la histeria, apestando a los locos,
las únicas estirpes que nos quedan.