Eduardo Morguenstern
Poeta que considera el portal su segunda casa
POEMA SIN PALABRAS
E. Morguenstern 22.11.20
El sol ya se pone,
su gigantesco disco de fuego
apresurado, calma su dantesca sed
en las saladas, frías aguas del poniente.
Baja desde el cielo, portentosa
como una vertical Vía Láctea,
como una lanza girante,
una espiral dorada.
¿Miríadas de estrellas diminutas?
No, son añicos de palabras
que en chispeantes turbulencias
se buscan y se mezclan,
se acercan y se alejan,
se tocan, danzan...
¡Es el crepúsculo dorado
de horizontes rojos!
¡Festival para los ojos!
¡Es la hora de los poetas!
Se ha completado el ocaso,
en la hora pugna con urgencia
en mi tórax parturiento buscando la salida,
(hay dentro de mí un poema aún no nacido)
que grita por nacer, mas no concibo
su forma ni argumento,
y se exaspera reclamando nacimiento
y se convulsiona enardecido.
Temo que me mate si explotara
en su escape salvaje, desde adentro,
debo urgente hallar, pero no encuentro,
ni la verba, ni recuerdo o sentimiento,
tal es el éxtasis, el arrobamiento
que embarga al Alma,
muda ante el ocaso, y carente de palabras…
E. Morguenstern 22.11.20
El sol ya se pone,
su gigantesco disco de fuego
apresurado, calma su dantesca sed
en las saladas, frías aguas del poniente.
Baja desde el cielo, portentosa
como una vertical Vía Láctea,
como una lanza girante,
una espiral dorada.
¿Miríadas de estrellas diminutas?
No, son añicos de palabras
que en chispeantes turbulencias
se buscan y se mezclan,
se acercan y se alejan,
se tocan, danzan...
¡Es el crepúsculo dorado
de horizontes rojos!
¡Festival para los ojos!
¡Es la hora de los poetas!
Se ha completado el ocaso,
en la hora pugna con urgencia
en mi tórax parturiento buscando la salida,
(hay dentro de mí un poema aún no nacido)
que grita por nacer, mas no concibo
su forma ni argumento,
y se exaspera reclamando nacimiento
y se convulsiona enardecido.
Temo que me mate si explotara
en su escape salvaje, desde adentro,
debo urgente hallar, pero no encuentro,
ni la verba, ni recuerdo o sentimiento,
tal es el éxtasis, el arrobamiento
que embarga al Alma,
muda ante el ocaso, y carente de palabras…