Todavía se quiebra mi voz,
un suspiro roto entre sombras y cenizas,
pero sé, con la furia del alma,
que fue lo mejor para ambos, aunque duela.
Apuñalaste mi pecho, una y mil veces,
y en cada herida quedó tu nombre grabado,
te pienso, me quemo en arrepentimiento,
muerta en vida, navegando este mar de silencios.
Te entregué todo: alma, cuerpo y sueños,
y ahora cargo el peso frío de tu recuerdo,
una carga que quema sin consumirme,
un fuego lento que no quiere apagarse.
Tus promesas, como hojas secas, se deshicieron,
no hubo cuidado, no hubo amor,
solo abandono helado, vacío infinito.
No hay reparación para lo quebrado,
ni bálsamo que cure lo que está roto,
el amor y el dolor no se sientan juntos,
y yo me levanté, con la rabia en los puños,
porque en tu mesa nunca hubo amor servido.
Tus labios, dulce trampa mortal,
escondían veneno, lento y letal,
que mata despacio, que deshace el alma,
que pudre la esencia y seca el corazón.
Llevo tatuadas en la piel
tus cicatrices de ausencia y mentira,
un mapa doloroso de lo que fue,
de lo que nunca pudo ser.
Ya no regreso a ese infierno helado,
donde tus manos eran mi único refugio,
ahora escribo entre luces y sombras,
bajo la luna que me abraza,
con el vino que incendia mi pecho,
y sonrío, porque escapé,
porque sobreviví al naufragio de tu amor.
-Dior
un suspiro roto entre sombras y cenizas,
pero sé, con la furia del alma,
que fue lo mejor para ambos, aunque duela.
Apuñalaste mi pecho, una y mil veces,
y en cada herida quedó tu nombre grabado,
te pienso, me quemo en arrepentimiento,
muerta en vida, navegando este mar de silencios.
Te entregué todo: alma, cuerpo y sueños,
y ahora cargo el peso frío de tu recuerdo,
una carga que quema sin consumirme,
un fuego lento que no quiere apagarse.
Tus promesas, como hojas secas, se deshicieron,
no hubo cuidado, no hubo amor,
solo abandono helado, vacío infinito.
No hay reparación para lo quebrado,
ni bálsamo que cure lo que está roto,
el amor y el dolor no se sientan juntos,
y yo me levanté, con la rabia en los puños,
porque en tu mesa nunca hubo amor servido.
Tus labios, dulce trampa mortal,
escondían veneno, lento y letal,
que mata despacio, que deshace el alma,
que pudre la esencia y seca el corazón.
Llevo tatuadas en la piel
tus cicatrices de ausencia y mentira,
un mapa doloroso de lo que fue,
de lo que nunca pudo ser.
Ya no regreso a ese infierno helado,
donde tus manos eran mi único refugio,
ahora escribo entre luces y sombras,
bajo la luna que me abraza,
con el vino que incendia mi pecho,
y sonrío, porque escapé,
porque sobreviví al naufragio de tu amor.
-Dior