POEMA ELEGÍACO Y LIGERAMENTE ERÓTICO
Las manos frías de la luna acarician en silencio
el lecho del río majestuosamente nocturno
Los árboles con forma de piano
se dejan arrancar plácidamente
las hojas con las que fabrican las sombras
Son las piernas sinuosas de las náyades
las que anuncian la llegada del ocaso
Una orgía de ojos vermiculares alboroza
la monótona salmodia de las aguas
mientras se mecen las hojas doradas
celebrando su última muerte.
Las piernas desnudas de las náyades
se me ofrecen en las curvas cariciosas
del cuerpo de mi amante.
Mis ocelos digitales me permiten
disfrutar con plenitud
los más íntimos retozos.
El ocaso rojinegro se destiñe en las aguas glaucas
y un lejano clamor de trompetas
acompaña la berrea de los ciervos.
Todo es paz en el fondo silencioso de aquel cafetín de barrio
donde recreo mi presente e imagino mi presencia
Mis múltiples aconteceres se arrinconan
mientras el camarero bosteza
y en la sinfonola una canción antigua
hace revivir la lágrima.
El cardumen fosforescente de ojos vermiculares
se arremolina en el fondo de mis ojos digitales
Ya no vivo intensamente aquellas recónditas caricias
Mi amante duerme y las náyades han huído
ante el sátiro babeante que ven en mí.
Las manos frías de la luna acarician en silencio
el lecho del río majestuosamente nocturno
Los árboles con forma de piano
se dejan arrancar plácidamente
las hojas con las que fabrican las sombras
Son las piernas sinuosas de las náyades
las que anuncian la llegada del ocaso
Una orgía de ojos vermiculares alboroza
la monótona salmodia de las aguas
mientras se mecen las hojas doradas
celebrando su última muerte.
Las piernas desnudas de las náyades
se me ofrecen en las curvas cariciosas
del cuerpo de mi amante.
Mis ocelos digitales me permiten
disfrutar con plenitud
los más íntimos retozos.
El ocaso rojinegro se destiñe en las aguas glaucas
y un lejano clamor de trompetas
acompaña la berrea de los ciervos.
Todo es paz en el fondo silencioso de aquel cafetín de barrio
donde recreo mi presente e imagino mi presencia
Mis múltiples aconteceres se arrinconan
mientras el camarero bosteza
y en la sinfonola una canción antigua
hace revivir la lágrima.
El cardumen fosforescente de ojos vermiculares
se arremolina en el fondo de mis ojos digitales
Ya no vivo intensamente aquellas recónditas caricias
Mi amante duerme y las náyades han huído
ante el sátiro babeante que ven en mí.