Todavía quedan algunas horas
y las manos aún no se evaporan.
Las ideas emergen desde el lodo,
los pies descansan sobre terciopelos
y el teclado luce como ébano de hielo.
La ancha sábana del plano bidimensional
acoge sobre su nacarada faz
el mudo significado de las letras.
El piso se tiñe de seres inertes
que de pronto cobran vida propia
y escriben de a poco su propia historia
de demencia y de maldad,
de esmerado amor por los demás.
El compás va marcando el sentido
de las cosas y de los hombres
cuyas vidas no son más que
simples razones para estar aquí.
y las manos aún no se evaporan.
Las ideas emergen desde el lodo,
los pies descansan sobre terciopelos
y el teclado luce como ébano de hielo.
La ancha sábana del plano bidimensional
acoge sobre su nacarada faz
el mudo significado de las letras.
El piso se tiñe de seres inertes
que de pronto cobran vida propia
y escriben de a poco su propia historia
de demencia y de maldad,
de esmerado amor por los demás.
El compás va marcando el sentido
de las cosas y de los hombres
cuyas vidas no son más que
simples razones para estar aquí.